mi bisabuelo se llamaba Pedro (la ternura no es una cosa legal)
Mi bisabuelo se llamaba Pedro.
No nos conocimos.
Pero más de alguna historia su nieto, mi papá, me contó cuando era niño.
Muchas se me olvidaron, de hecho casi todas, pero por alguna extraña razón ésa no y hoy mientras las puertas se abrían automáticamente delante de mí la recordé.
La historia en que un marino norteamericano le preguntó a Pedro Pineda versión 0.1 que qué se suponía que hacía en plena sala de máquinas del barco.
Él, casi que sin inmutarse, y esto me lo imagino, le responde que por curiosidad. Que había visto el barco en el muelle, un puente, muchas escaleras y entonces que se había metido a conocer.
El marino, también adivino que con cara desconcertada, le dijo que ése era un barco de guerra y que estaba prohibido abordarlo sin autorización del capitán.
Prohibido.
- ¿Prohibido?, ¡bah! perdóneme usted, pero es que no he visto cartel alguno que así lo indique.
Tenía razón.
Ese viejo copuchento, tenía razón.
"Mientras no diga prohibido pasar, atrévete a ir donde sea."
- Pero papá ¿y si está prohibido? -le pregunté a mi papá quien me contó esta historia cuando pequeño mientras caminábamos por Valparaíso.
- ¿Y tú cómo vas a saber que está prohibido?
- Porque es obvio po.
- ¿Obvio?
Siete años, quizá ocho y yo ya aprendía a cuestionarme sobre lo obvio (no, si mis padres me educaron de una forma muy linda).
Hoy en la tarde, el detector de movimiento se prende y las puertas se abren automáticamente delante de mí.
Me cercioro que no haya ningún letrero de prohibido pasar o área restringida.
Y pensé: mi bisabuelo habría hecho lo mismo.
Seguí caminando.
He ido muchas veces pero era la primera vez que entraba a esa parte del aeropuerto de Santiago.
Oficinas.
Camino por un pasillo muy largo e iluminado. Veo los aviones apostados a un lado de la pista. Mangas que llegan hasta los aviones. Otra puerta.
Me doy cuenta que mi cara de pajarón llama la atención entre personal bien uniformado.
A mi alrededor las oficinas privadas de todas las líneas aéreas.
Nadie como yo.
Me siento observado pero qué va, no estoy haciendo nada ilegal, al menos no he ignorado ninguna advertencia.
-¡Bien! -me dice mi bisabuelo desde algún lugar de la eternidad.
De pronto un guardia se cruza conmigo y en lugar de ponerme nervioso y hacerme el tonto, camino directo hacia él y lo encaro.
- Buenas tardes, ¿la oficina de seguridad y control del aeropuerto?
- Siga derecho y luego sube -me responde con cara de "primera vez que me preguntan esto".
Una puerta.
Y un gran letrero de: Área Restringida. Sólo Personal.
- Hasta acá llegamos bisabuelo -pensé.
Pero no.
Un citófono.
- ¡Ya Pedro, esto es el colmo!, ¡¡¡cómo no te da vergüenza!!!, ¡qué te van a decir!, ¡te van a sacar a patadas!
Treinta segundos y una chica joven me pregunta muy sonriente.
- ¿Sí?
- Hola, disculpa, ¿ésta es la sala de control y seguridad del aeropuerto?
- Sí, ¿te puedo ayudar en algo?
- Sí, ¿acá es donde lo registran todo con las cámaras cierto?
- Sí, claro.
- Ah. Ya veo -le respondo con ganas de decirle "gracias chao", porque pensaba que eso sería menos vergonzoso que lo que venía yo a decir.
- Dime en qué te puedo ayudar.
- Lo que pasa es que quiero saber si puedo tener una grabación yo. Si puedo grabarla en algún disco y llevármela pa' la casa.
Y la chica pone cara "pero este bicho de dónde salió!!! si en años ningún pasajero ha venido hasta acá, para eso hablan con cualquiera de los guardias del aeropuerto..."
- No, no puedes. Se necesita una orden judicial...
- Ah, lo que pasaba es que mi novia es de Barcelona y vino a verme pero se fue... llegó hace, mmmm, casi tres meses y quería saber si tenían la grabación del primer abrazo que nos dimos cuando nos vimos, en alguna de sus cámaras.
La chica puso cara de enternecida.
- Pucha, lo siento, no puedo ayudarte, nosotros cedemos grabaciones sólo a gente que venga con una orden judicial, es para cosas...
- Importantes, claro -le interrumpí.
- No, no he querido decir eso, para nada, quise decir para cosas legales -me dice casi que pidiéndome perdón y dejando entrever las ganas que le han dado de poder ayudarme.
- Bueno gracias eh, muchas gracias.
- No, de qué. Chao.
Y me fui.
Pensando que la ternura y el amor no eran cosas aparentemente legales.
No nos conocimos.
Pero más de alguna historia su nieto, mi papá, me contó cuando era niño.
Muchas se me olvidaron, de hecho casi todas, pero por alguna extraña razón ésa no y hoy mientras las puertas se abrían automáticamente delante de mí la recordé.
La historia en que un marino norteamericano le preguntó a Pedro Pineda versión 0.1 que qué se suponía que hacía en plena sala de máquinas del barco.
Él, casi que sin inmutarse, y esto me lo imagino, le responde que por curiosidad. Que había visto el barco en el muelle, un puente, muchas escaleras y entonces que se había metido a conocer.
El marino, también adivino que con cara desconcertada, le dijo que ése era un barco de guerra y que estaba prohibido abordarlo sin autorización del capitán.
Prohibido.
- ¿Prohibido?, ¡bah! perdóneme usted, pero es que no he visto cartel alguno que así lo indique.
Tenía razón.
Ese viejo copuchento, tenía razón.
"Mientras no diga prohibido pasar, atrévete a ir donde sea."
- Pero papá ¿y si está prohibido? -le pregunté a mi papá quien me contó esta historia cuando pequeño mientras caminábamos por Valparaíso.
- ¿Y tú cómo vas a saber que está prohibido?
- Porque es obvio po.
- ¿Obvio?
Siete años, quizá ocho y yo ya aprendía a cuestionarme sobre lo obvio (no, si mis padres me educaron de una forma muy linda).
Hoy en la tarde, el detector de movimiento se prende y las puertas se abren automáticamente delante de mí.
Me cercioro que no haya ningún letrero de prohibido pasar o área restringida.
Y pensé: mi bisabuelo habría hecho lo mismo.
Seguí caminando.
He ido muchas veces pero era la primera vez que entraba a esa parte del aeropuerto de Santiago.
Oficinas.
Camino por un pasillo muy largo e iluminado. Veo los aviones apostados a un lado de la pista. Mangas que llegan hasta los aviones. Otra puerta.
Me doy cuenta que mi cara de pajarón llama la atención entre personal bien uniformado.
A mi alrededor las oficinas privadas de todas las líneas aéreas.
Nadie como yo.
Me siento observado pero qué va, no estoy haciendo nada ilegal, al menos no he ignorado ninguna advertencia.
-¡Bien! -me dice mi bisabuelo desde algún lugar de la eternidad.
De pronto un guardia se cruza conmigo y en lugar de ponerme nervioso y hacerme el tonto, camino directo hacia él y lo encaro.
- Buenas tardes, ¿la oficina de seguridad y control del aeropuerto?
- Siga derecho y luego sube -me responde con cara de "primera vez que me preguntan esto".
Una puerta.
Y un gran letrero de: Área Restringida. Sólo Personal.
- Hasta acá llegamos bisabuelo -pensé.
Pero no.
Un citófono.
- ¡Ya Pedro, esto es el colmo!, ¡¡¡cómo no te da vergüenza!!!, ¡qué te van a decir!, ¡te van a sacar a patadas!
Treinta segundos y una chica joven me pregunta muy sonriente.
- ¿Sí?
- Hola, disculpa, ¿ésta es la sala de control y seguridad del aeropuerto?
- Sí, ¿te puedo ayudar en algo?
- Sí, ¿acá es donde lo registran todo con las cámaras cierto?
- Sí, claro.
- Ah. Ya veo -le respondo con ganas de decirle "gracias chao", porque pensaba que eso sería menos vergonzoso que lo que venía yo a decir.
- Dime en qué te puedo ayudar.
- Lo que pasa es que quiero saber si puedo tener una grabación yo. Si puedo grabarla en algún disco y llevármela pa' la casa.
Y la chica pone cara "pero este bicho de dónde salió!!! si en años ningún pasajero ha venido hasta acá, para eso hablan con cualquiera de los guardias del aeropuerto..."
- No, no puedes. Se necesita una orden judicial...
- Ah, lo que pasaba es que mi novia es de Barcelona y vino a verme pero se fue... llegó hace, mmmm, casi tres meses y quería saber si tenían la grabación del primer abrazo que nos dimos cuando nos vimos, en alguna de sus cámaras.
La chica puso cara de enternecida.
- Pucha, lo siento, no puedo ayudarte, nosotros cedemos grabaciones sólo a gente que venga con una orden judicial, es para cosas...
- Importantes, claro -le interrumpí.
- No, no he querido decir eso, para nada, quise decir para cosas legales -me dice casi que pidiéndome perdón y dejando entrever las ganas que le han dado de poder ayudarme.
- Bueno gracias eh, muchas gracias.
- No, de qué. Chao.
Y me fui.
Pensando que la ternura y el amor no eran cosas aparentemente legales.
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