Todos con tortícolis.
La exclusividad de darle la primera fila a la gente más importante y darse cuenta que a veces es mucha la gente importante o que necesita sentirse así, ha provocado que por años la arquitectura se las ingenie para satisfacer a todas las personas.
Desde las grandes y groseras catedrales hasta el salón en el que se realizó hoy el cambio de mando presidencial. Con las primeras te duele el cuello por mirar hacia arriba, pero no a Dios, con el salón éste y la disposición de los asientos supongo que hasta la chica Arroz sintió molestias. Otros, como Piñera definitivamente se quedaron con cuello. Adolorido.
Pelotudos o no, agradezco este tipo de gestos de los políticos de izquierda. Invitar al candidato que perdió. Proponer inventar una segunda vicepresidencia en el Senado para dársela a la derecha. Supongo que con los papeles invertidos ese tipo de cosas no se le ocurriría a los hoy oposición.
Anoche por MSN.
- Pedro puedo acreditarte como periodista si quieres ir a Valparaíso al cambio de mando. Llámame temprano mañana si lo quieres. Entre 8:45 y 9 am.
- No creo que me atreva. Pero lo voy a pensar.
Esta mañana, perplejo, vi como recorría el minutero ese último cuarto del círculo del reloj del terminal de buses antes de las nueve de la mañana. El bus en que Carla, Tamara y Magdalena venían desde Puerto Montt aún no llegaba.
Lo pensé, lo pensé, lo pensé.
No.
Me quedo acá.
La cara de agradecimiento y el abracito agradecido de Carla fue la mejor paga.
Llegamos a su departamento y me senté a ver la tele.
Ver la última foto del gabinete de Lagos.
Y el primer remezón emocional del día: el presidente diciendo buenos días y su guardia de palacio respondiéndole a todo pulmón, y por última vez, ¡¡¡BUENOS DÍAS SEÑOR PRESIDENTE!!!
Imaginé entonces más de alguna lágrima carabinesca.
Afuera, la gente en la Plaza de la Constitución a las nueve y media de la mañana de un día sábado.
- Viejas culiás con sus fotos de Pinochet - debo haber dicho más de alguna vez deseando una metralleta con la cual descargarla sobre la masa de señoras chillonas que hasta hace unos años aparecían para apoyar a su general.
Pero ahora el de la foto en pose presidencial y sobre un fondo blanco era otro.
Era Ricardo Lagos.
Entonces las viejas me parecían incluso algo vírgenes.
Cada centímetro de la ruta 68 se convertiría en un aplauso, cuando Lagos se bajara del auto en el que la recorría para entrar a ese salón torticoliento.
¡Brrrrom!
Pero esta vez no son los rayos con los que desperté hace unas semanas en el sur.
Son los aplausos.
Y un Brrrrom en mi pecho por ver sus ojos cansados a medida que la humedad se condensaba aglomerada en sus bordes.
- Ze abre la zezión en el nombre de dioz - dice Eduardo Frei como presidente del Senado.
¿Otra vez este hueón?
Supongo que pa' la próxima es edecán.
Ley número no sé cuantito.
Orgánica.
Constitución.
Servicio electoral.
Palabras a mi parecer inconexas de lo que voy sintiendo. De esa sensación de premura. La misma que siente el torero embestido por el toro.
Es inminente.
Inevitable.
Lagos afloja la piocha.
Se saca la banda presidencial.
Y empiezan los siete segundos sin presidente.
Los siete segundos de Bakunin y sus anarquistas.
- Se dan cuenta que en estos segundos estamos sin presidente - digo.
Una sensación de vacío.
Frei mirando la banda presidencial, pareciera como si quisiera ponérsela y salir corriendo. No. La cambia por otra a la medida de Michelle.
Y el blanco de la banda se confunde con el blanco de su vestido. Con el blanco de un futuro al parecer limpio. Transparente.
Hay una chica que no juega a ser presidenta.
Hay una chica que ES presidenta.
Lagos la abraza y pareciera que se quisieran.
Y es porque sí se quieren.
Ya sin banda y con su tropa de ex ministros detrás (que me recuerdan "La Marcha de los Pingüinos"), se va.
Ciudadano.
Y me embarga la sensación de quedarnos huérfanos. De padre, claro, porque la cámara se apresura en mostrarnos a ella. Radiante. Sin lograr concebir lo que no sé cuántos millones de votos la obligan a estar haciendo en ese minuto. Portar tres colores, su sonrisa y nuestras esperanzas e ideas.
Tengo dos lágrimas contenidas.
No quiero que se vaya él, pero así tiene que ser.
Y entiendo por primera vez el ciclo de la vida.
Lo importante que es que así sea y que Lagos no esté más.
Adivino que mi mamá está llorando viendo la tele en otro lado.
- Casi lloro, me tuve que aguantar - le dije cuando nos vimos.
- Ah! yo me las lloré todas - me respondió.
Periodistas, diplomáticos, gente, programas de televisión.
Y me quedo pegado en el 13 viendo la biografía de Lagos.
Viéndolo increpar a Leigh en un foro de los años ochenta.
Levantar el dedo el 25 de Abril 88 a Pinochet.
Y enterarme de cosas.
De su detención por parte de Investigaciones horas antes que la CNI lo hiciera para probablemente asesinarlo como hicieron con el periodista José Carrasco Tapia.
De un campesino que lo abraza en plena campaña del NO, llorando y diciéndole simplemente gracias, por haberse atrevido a hacerlo.
A levantar el dedo.
A hacerlos levantar los brazos.
Yo casi lloro otra vez y me quedo pensando. Sintiendo como si fuera un momento especial en mi vida. Como si me fuera a acordar de todo después. De la pasión evocada. De las ganas de tomar una decisión con mi vida.
Y así me fui para la casa.
Hirviendo en pasión y felicidad.
Pensando en Lagos.
En Michelle.
Viendo señoras en el paradero, manejando autos o el mismo Transantiago.
Mujeres cruzando las calles.
Claudias, Loretos, Consuelos, Eugenias y Segismundas.
Amandas.
Tengo que escribir esto en mi blog.
Poner un disco de Víctor Jara y escribir esto en mi blog.