27 febrero 2006

...

Una cosita más.

Dos cositas.

Por si te interesa saber quién chucha es René Castro, porque los más atentos escuchamos que Bono gritó René Castroooo al final del tema One, lee el cuerpo de Reportajes de LUN (sí, sí tienen cuerpo de reportajes en LUN) de ayer domingo. Está en su página web.

Lo otro.

Fue genial cuando Bono dijo lo de los espíritus en el nacional.

¿Algún culia'o se acordó que el Nacional fue centro de detención y tortura?

Tercera cosita.

Ups.

Bono mira al cielo.

Y dice:

I believe in you.

And you believe... in the Edge.

CoeXisT

U2 no me gusta.

Pero el de anoche fue el show más lindo y espectacular en el que he estado en mi vida.

Y sospecho que sólo U2 podrá superar a U2 en producción de semejante show.

Para detalles visitar cualquier otro blog de Chile.

Sospecho por otro lado que nunca ningún grupo me hará sentir lo que me hicieron sentir The Strokes hace tres meses.

Por que The Strokes sí que me matan.

De lo que estoy seguro es que la gente momia, por lo avejentada y lo facha, de El Mercurio y La Tercera está feliz que a Daddy Yankee le haya ido tan bien en Viña y así dejar a U2 como noticia secundaria en su sitio web.

¡Estos hue'ones!

Hasta omiten sin vergüenza alguna que un Estadio Nacional repleto es más que una Quinta Vergara repleta.

Por gente como esa es que a Bono le perdono las evidentes ganas de ser Premio Nobel de la Paz y el par de instancias en que el límite de lo cursi se mostró amenazante en el horizonte.

Es por gente como esa que espero que los miles de personas dueñas de sus celulares azulosos de frío en la noche ñuñoína, hayan reflexionado y se decidan a actuar.

Por su país y por el mundo.

Es por tipos como Bono que nos vemos en la siguiente gira de U2.

Me duele el cuello.

26 febrero 2006

legrand certero

Los países sin memoria no son países, son paisajes.

Estamos llenos de cosas urgentes y no importantes.

Dos frases del Coco Legrand en el Festival de Viña.

¡Quién lo diría!

25 febrero 2006

fragmento

La parte anterior de sus muslos desnudos se adhería con el sudor a las caderas también desnudas de él, para luego despegarse con el movimiento lento oblicuo hacia adelante y arriba. Atrás y abajo. Adelante y arriba. Así repetidas veces, provocando el roce entre ambos cuerpos. Pero el roce que más le gustaba a ella, era el que sentía dentro de su cuerpo. Penetrada por él.

Él no solía aguantar más de tres minutos, por lo que esta vez estaba sorprendida de que su disco favorito estuviese ya en la canción siete siendo que había apretado play al mismo tiempo en que se sacaba la polera.

Sus pechos eran pequeños. Sabía que Sebastián los prefería gigantes. Sabía también que Sebastián no entendía cómo podían gustarle tanto los suyos, al punto de preferirlos excepcionalmente por ser ella. Al menos eso le decía cada vez que se deshacía de sus sostenes y sus pechos se quedaban ahí. Quietos. Duros. Acusando el deseo por él. Era entonces cuando Sebastián los tomaba con las manos y los apretaba y levantaba como haciéndolos crecer. Los rodeaba con los cinco dedos que en un mismo movimiento terminaban congregándose en sus pezones. Entonces sólo quedaban el índice y el pulgar con el que hacía girar sus pezones endurecidos, como si se tratara de subir y bajar el volumen de una canción. Pero la canción eran los gemidos de gusto que Paula daba al sentir su piel de gallina, la sangre caliente en sus pechos, cuello, piernas y mejillas.

Sebastián sintió que ya no alcanzarían a escuchar una canción más del disco de Paula, así que la tomó de la cintura. Se levantó. La puso con suavidad boca abajo en la cama. Se acostó encima de ella y poniendo ambas manos en su cadera la levantó un poco para poder sentirla mejor. Sabía que era la posición preferida de Paula al punto de no tener que hacer fuerza con los brazos pues ella sola se levantaba hacia arriba y un poco hacia atrás. Aún así amaba que Sebastián la tomara fuerte de las caderas y sincronizados apuraran el ritmo de los últimos segundos.

Caderas aceleradas.

Apresuradas.

Gotas de transpiración eclosionando desde la piel.

El jadeo y las tablas de la cama se hacían evidentes.

El grito contenido.

Más fuerza en las manos de él, más arrugadas las sábanas en las de ella.

Entonces la sincronía se imprimió de un poco de dolor, de agresividad en los gestos, consensuada y justificada por el calor de los cuerpos. Era el punto álgido de todo este baile desnudos.

La apertura máxima de los poros.

Abruptamente el ritmo bajó casi deteniéndose, pero no la fuerza con la que ella se dejaba penetrar. Todavía no. Sería sólo pasados unos segundos, terminada la canción, que los invadió la necesidad de abrazarse, mojados y sedientos. De tocarse con tal suavidad como pidiéndose perdón o intentaran contrapesar la violencia con la que se apretaron minutos antes.

Paula es la ex de Sebastián.

Terminaron hace seis meses.



Esto aparece escrito en una parte de lo que me gustaría alguna vez terminara siendo un libro. Novela. Lo que sea.

Y quiero opiniones.

Las suyas.

24 febrero 2006

francisca

- Gracias Peiro, fue muy terapéutico salir contigo - me dijo a las cuatro de la madrugada, parada afuera del auto con la cabeza aún dentro y su brazo derecho en posición de tenaza de cangrejo justo antes de cerrar la puerta.
- ¡Ay qué lindo! eso es lo más lindo que me puedes decir Fran.

23 febrero 2006

el síndrome de cuarto medio

Tú vuelves a Puerto Montt y los pendejos que no ves desde que estaban en octavo básico en tu colegio y tú en cuarto medio, ahora resulta que tienen barba y pelo largo los hueones.

Que tratan de tener el pelo a lo brit.

A lo dark.

A lo que sea.

Y te saludan.

Hola Pineda.

Y ves en su cara la misma mueca de respeto o admiración.

Y dices chucha que está grande, para después en menos de un segundo ponerte a pensar, chucha entonces que estoy viejo yo.

Y te das cuenta que el loco está casi que feliz de estar saludándote. Porque claro, ahora no es que sean amigos, pero los dos tienen algo en común y por eso se saludan. Haber estado en el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt.

Este hueón siempre destacaba. Es seco.

Es Pineda.

Qué sé yo.

También vi en un bar un par de chicos unos años más viejos que yo, que estaban en cuarto cuando yo estaba en octavo. Y aunque en realidad no me siento inferior ni mucho menos los admiro, igual son los hueones que estaban en cuarto cuando yo estaba en octavo.

Y te pasa que los veías a todos grandes con minas grandes, y cuando tú llegas a cuarto medio ves a tus compañeros y no parecen tan grandes como tú veías a los de cuarto. De hecho ver ahora a los pendejos que te saludan felices, te hacen darte cuenta que en realidad siempre fuiste un pendejo.

En octavo.

Y en cuarto medio.

Y te acuerdas que esos viejos casi que treintones en el bar jugaban básquetbol, y como no había nada que hacer un viernes a las siete de la tarde en el Puerto Montt de mediados de los noventa, entonces ibas al gimnasio a ver como jugaban contra los colegios de otras ciudades. Contra Puerto Varas. Contra Osorno.

Hola Pineda, te dice el pendejo que te veía a ti lanzando triples.

Usando una cinta en el pelo.

Y no es que seas su ídolo.

Pero tú estabas en cuarto medio cuando él estaba en octavo básico.

22 febrero 2006

Brrrom

- Ya chiquillas nos vamos, es muy tarde, son las tres y media de la madrugada - dije poniendo mi última pieza y ganando por cuarta vez consecutiva el juego.
- ¿Qué?, ¿ganaste de nuevo? - dijeron Bárbara y Carla.
- Buuu, pucha no vale. Justo le estaba agarrando el gustito - agregó Valeria sin quitar los ojos de sus fichas.
- Ooooh el maricón, no puede ser - cerró Dalal.
- Cuando quieran chiquillas eh, ustedes me llaman si quieren seguir entrenándome ¡eh! - dije en el tono más petulante-juguetón.

Dalal nos fue a dejar a la puerta a todos.

Las chicas, mis hermanas, en su auto y yo en el jeep de mi hermano.

- Nos vemos.
- Oye Pedro, anda a la casa a almorzar mañana.
- Vale, nos vemos mañana. Bacán, porque después tengo partido de fútbol.
- ¿Dónde?, ¿con quién?
- En ESPN, Chelsea contra Barcelona.

En el semáforo doblé a la izquierda y ellas a la derecha.

Sonó Coldplay en la radio y me fui con la ventana abajo.

No son muchos los peatones una noche de martes en Puerto Montt.

Tomé el camino a casa de mi hermano y su novia a las afueras de la ciudad.

Los postes de luz estaban de "postes sin luz". Tras ellos el cerro y a mi derecha el mar. Negro.

El camino le roba un pedazo al cerro vadeando el punto exacto en que la depresión intermedia, de las clases de geografía en el colegio, se hunde en el mar.

Un barco y su luz.

Pero el mar, negro.

La ventana abajo y la canción de Coldplay terminando.

Fue cuando pensé: mañana vuelvo a escribir en mi blog.

Después de subir otro cerro por otro camino, esta vez de piedra, ya estaba en mi cama.

Veo la hora y son pasaditas las cuatro.

El ruido más grande y ensordecedor que me haya hecho escuchar alguna vez la naturaleza me despertó.

Digamos que onomatopéyicamente fue un Brrrom con varias erres.

Y los gritos de Paula, la novia de mi hermano.

- Ah Leo, Leito, nooooo, Pedro despiértate, ¡tu hermano!

Con las erres del Brrrom detrás.

No entendía nada.

La luz era tenue.

Paula gritaba y lloraba.

Por la ventana se veía el cielo gris, estaba nublado y lloviendo.

Supuse que se había caido algo. Alguien. Pero el ruido era muy largo.

Y Paula que no paraba de gritar.

Salgo de mi pieza rápido. En calzoncillos. Y la veo bajando la escalera indecisa, de si pisar otro peldaño o no. Aparece mi hermano Leo por la puerta de entrada de la casa.

No entiendo nada.

Veo el califón y huelo, pero no hay olor a gas.

Me veo las piernas y los brazos y sigo enterito.

Paula se decide a bajar corriendo y abraza a mi hermano sin parar de gritar.

Fúser y Simón no paran de ladrar afuera exaltados y nerviosos.

- Ay Leito, pensé que te habías muerto, me asusté. Pensé que había explotado el gas. Que estabas muerto, dios mío, no. Pensé tantas cosas tan rápido que pensé que había sido una bomba en el auto justo ahora que te ibas a la pega.
- La cagó, fue tremendo - dijo mi hermano - iluminó todo el cielo.
- ¿Qué hueá pasó? - pregunté sintiendo el costo del esfuerzo abrupto de los párpados por abrirse al despertar así. Con el corazón bombeando a mil y mi cabeza a toda máquina tratando de entender qué chucha pasaba. Tratando de coordinar imágenes y voces de manera coherente.

Fue entonces cuando otro destello iluminó el ventanal de seis metros de la casa de mi hermano.

- ¡Ay no, qué miedo! - dijo Paula volviendo a llorar.

Y por fin mi cabeza dio con la respuesta.

Había sido un rayo.

Pasaron unos segundos y un nuevo Brrrom sacudió literalmente la casa.

Fueron cinco rayos en menos de dos minutos.

- Uno, dos, tres! - alcancé a contar tras el siguiente relámpago antes de que un nuevo trueno hiciese ladrar más fuerte a los perros.
- Ay no.
- Tranquila Paula - le decía mi hermano sin soltarla.
- Son tres segundos... - dije.

Y empecé a pensar con la rapidez que mis neuronas legañosas y asustadas me permitieron.

La velocidad del sonido son más o menos 300 m/s, V=d/t, luego d = V t = 300 m/s 3 s.

- Cayó a menos de un kilómetro de aquí - dije con cierto tono triunfal ni sé por qué - son novecientos metros más o menos. Hueón, están cayendo muy cerca - le dije a mi hermano recordando el mismo cálculo que hice viendo los fuegos artificiales de Valparaíso en año nuevo. Contando los segundos entre la explosión luminosa y el sonido tardío.

La cara de Leo y de Paula cambiaron y tomaron el cariz de escuchar por parte de un médico un diagnóstico de cáncer. A fin de cuentas el Pedrito estudia matemáticas, física y esas cosas.

En eso, el perro del vecino, perseguido por la Fúser y el Simón, se acerca al barranco y se deja caer.

- Mira al perro, el perro se tiró - grita Paula - ah no, nos vamos a la casa de mi mamá en Puerto Montt - dijo en medio del cuarto rugir de truenos. Hace unos años un hombre murió por acá partido por un rayo y la casa se puede hacer mierda ¡Vámonos!

Corro a mi pieza, me pongo rápido los pantalones de ayer y una polera. Un poco de desodorante porque tampoco quiero ser Tom Hanks en casa de la suegra de mi hermano.

Y pienso en voz alta.

- Pero Leo ¿cómo nos vamos a ir en el jeep? Es más peligroso irse que quedarse en la casa. Obvio que nos puede alcanzar un rayo mientras vamos por el campo. Es puro metal esa hueá de jeep.
- ¡Pedro! - me grita con una cara desaprobadora que Paula no pudiese ver - ¿dónde caen los rayos primero?
- En las cosas más altas - le respondo cachando que no es momento para explicar que los rayos en realidad suben mientras veo que Paula sube a los perros mojados al jeep.

Sigue lloviendo.

Quinto rayo.

- ¡Ya po!, nos vamos por un camino lleno de postes de luz altos. No nos va a caer encima.

El limpiaparabrisas iba casi tan rápido como mi hermano manejando.

No sé por qué, pero la escena me parecía familiar. Y claro. Me recordaba todos esos videos caseros típicos de los tornados en Estados Unidos. Rescate 911 y esas cosas. "Oh no lo puedo creer Tony es inmenso y viene hacia acá. En ese instante el teniente McGregor...".

No habían autos en todo el camino.

- ¿Se habrán quedado todos en sus casas? - preguntó Paula.

Pero nadie respondió.

Mi hermano y yo íbamos más preocupados del camino a través del parabrisas desempañado por su mano.

El reloj digital del jeep marcaba las 7:38 cuando llegamos al centro de la ciudad más tranquilos.

Mi celular marcaba las 7:49 de la mañana cuando me acosté en una de las piezas del departamento de la mamá de Paula.

Así fue como desperté hoy.

Brrrom.

16 febrero 2006

that´s why

los últimos ocho días estuve en un lugar perdido de Chiloé

sin ninguna construcción diez kilómetros a la redonda

y wuá se me llenó de ideas la cabeza

en particular un par para escribir en este blog

no ahora claro, que vengo llegando, con mi look mochilero... por lo sucio y hediondo claro, así como con cara de comercial de llamadas por cobro revertido

11 febrero 2006

cumpleaños de Javiera Olguín

une de mes meilleurs amies

P

03 febrero 2006

hoy supe

Hoy supe que en el viaje a Europa que hicieron mis viejos hace cinco años, mi viejo le compró ropa interior a su amante.

Amante, que feliz de la vida, se encargó de contárselo a gente cercana a mi vieja.

Obvio.

Estoy pa' la cagá.

No puedo creer que mi viejo haya sido capaz de reirse hasta de esa forma de mi vieja.

Hijo de la gran puta.

Lo supe y sentí como si ayer, cuando todavía no me enteraba de esto, cuando conversé con mi viejo después de todo un año en que no quise saber de él, sentí como si ayer hubiera hecho el ridículo.

¿Pa' qué chucha me pide perdón mi viejo si no me dice toda la verdad?

- Que te hice sufrir Pedro, que todo lo que te enseñé no se condijo con lo que hice, con como fui. Sufriste siendo que no tenías la culpa de nada. Me las dí de orgulloso, de que mi forma era la correcta. Por eso te quiero pedir perdón Pedro.
- Mira papá, para mí la palabra perdón tiene seis letras y sería. No es algo que yo use para decir o escribir. Es algo que se siente y que se demuestra con hechos, con gestos. Con actitudes y no con palabras.

Mi viejo se fue de la casa hace dos años diciéndome a la cara que no tenía otra mina.

Pero reconociendo haber sido infiel.

Mi vida bilz y pap y mi idea de viejo perfecto ídolo se fue a la mierda.

Al año supe que vivía con la misma mina con la que se había cagado a mi vieja.

Y hace dos horas supe que fue una relación paralela de por lo menos cinco años.

Viejo conchatumadre.

Una mierda hueón.

Cobarde y mentiroso.

¡Qué heavy tener un viejo así!

- Ojalá nos veamos pronto - me dijo ayer en el restaurant- a ver si entonces quieres hacerme preguntas.
- Yo no tengo nada que preguntarte, eres tú el que tiene que saber qué es lo que debe decir y qué callar.

Estoy frente a la pantalla buscando formas de escribir algo más que garabatos.

Buscando la forma de explicar la necesidad de pegarle un combo en el hocico a mi viejo.

Y a la mina con la que estuvo.

Sí.

Porque yo siempre le dije a mi mamá que "ella" no era tema. Que nosotros no teníamos que hablar sobre ella y que mucho menos tenía mi vieja que compararse con ella, porque a fin de cuentas el que las cagó era mi viejo.

Y aunque algunas mujeres me hablen de la solidaridad femenina y de eso de que "una no debe jamás destruir la familia de otra", yo siempre opinaba que la amante no era tema ni se merecía mi saliva.

Pero mi vieja tenía razón.

Otra vez tenía razón.

Y es que busco la forma de escribir la impotencia y el dolor que sentí al enterarme de las llamadas anónimas que recibió en que la trataban de vieja gorriá y hueona.

Pero no.

No hay forma de que logre escribir así.

El día del pico podría explicar este agolpamiento de lágrimas en los ojos.

Y una vez más tengo que buscar la manera más correcta de actuar. La manera que mejor haga sentir a mi pobre vieja que no ha buscado líos con nadie y que se había comido toda esta mierda sola. Ni siquiera se rebajó ni sucumbió ante el instinto de ir a increpar a la "otra". Estoy seguro que se hubiera desahogado pero habría sido rebajarse.

Yo les juro que si llego a verla en mi camino, sin amenazas ni advertencias de ningún tipo, cerraré el puño derecho y lo estamparé duro contra su nariz.

Y es que no puedo soportar que se rían así de mí.

De mi vieja.

Le pedí a mi hermano que no lo hiciera él.

- Leo, si tú le pegas, la gente va a decir "ya anda hueveando este tipo otra vez". En cambio si lo hago yo, el hijo predilecto, el seco que estudia allá en Santiago Ingeniería y Astronomía en la Chile, entonces no habrá que dar por hecho nada.

Tengo toda la noche para pensar qué le voy a decir a mi viejo mañana, cómo tengo que actuar y qué cosas no decir. Si me hago el hueón o lo tapo a preguntas hasta que lo diga todo.

Y que por el bien de mi hermano, que vive acá en Puerto Montt, ella no se viene al sur.

De lo contrario, no sólo le saco la chucha por mala, sino que además juro que nunca más le hablo a mi viejo.

Qué heavy tener que estar pensando todo esto. Planeando. Maquinando pegarle a una mina. Qué heavy tener que hacerme el fuerte mañana y encararlo de una vez por todas y que se meta toda su teoría con el Phd adjunto a su nombre en la raja.

Qué heavy tener que hacerlo cuando lo único que quiero es llorar y que me abracen.

Que no me pregunten nada y que me abracen.

Me importa un pico leer tu opinión. Sólo busco desahogarme en mi blog así que no dejes comments.

01 febrero 2006

uno de febrero ya

concha de tu madre

nooooooooooooooooo

pd: vi la película de los vaqueros gays, esto de la piratería!... aparte de un beso apasionado-desesperado la película es típico film agrandado por la temática... mala la hueá