lauantai, sunnuntai (sábado, domingo)
Ayer.
Seis de la mañana.
Pongo el despertador para levantarme a las siete.
No way.
No hueí'.
Me quedé dormido ("bah qué raro!" diría la Cata).
Así que en vez de ir a estudiar la estratigrafía del cajón del Maipo con mi curso de Geología, fui a la lidquidación de bodega de un par de editoriales que aparecía anunciada en The Clinic.
A continuación, un simple relato del sábado, domingo.
Sábadomingo.
Con seis lucas menos y cuatro libros nuevos empecé a caminar por el centro sabatino-matutino de Santiago de Chile.
Uno de Hesse que quién sabe cuando leeré. Otro de Paleontología que ya estoy cachando que va a puro decorar mi colorida estantería de libros. Y dos de cine, Raúl Ruiz y Buñuel. A ver si me toca asiento en la micro o una visita prolongada al baño (de esas que te llenan las piernas de hormigas) para leerlos.
Como la mano con hormigas del perro andaluz.
Crucé la Alameda.
Y empecé a caminar por el Paseo Ahumada.
Puta que me gusta caminar por el Paseo Ahumada.
Porque aparte de ponerme a cantar Bitter Sweet Simphony, pasa que me siento lleno de ciudad. De gente.
De común y corriente.
Presto especial atención a los edificios y a los vendedores o artistas de la calle. Las apuestas de cinco lucas apuraditas.
Pasa cada cosa en el Paseo Ahumada.
Y llegó a la Plaza de Armas, pero no veo ninguna.
La cruzo, entre atriles de pintores parisinos del Montmartre.
Y veo bomberos formados e izando banderas extranjeras.
Veo un carro muy setentero de la compañía de bomberos de Valparaíso con una bandera de Bélgica dibujada.
- Verdad que esa vez que estuve en la casa del embajador belga me habló de esa hueá.
¿Qué hacía yo ahí?
Estuve de intercambio allá y mi "viejo adoptivo" que trabaja en la de Lovaina la Nueva vino a una feria de universidades europeas el año pasado. Y terminé en una lujosa recepción de hueones fomes, con mis shorts rotos y el Duqué (así se apellida mi familia de intercambio) presentándome al embajador.
En Puerto Montt tenía un par de compañeros que estaban en la compañía alemana, pero tampoco me había dado cuenta que hay muchas bombas patrocinadas por países "amigos". De esos que quizá expían sus culpas colonizadoras con un par de carritos.
Himnos.
Discursos lateros.
Y ahí estaba, sudando el gordito, cual Hurley de Lost, embajador del Reino de Bélgica.
El latero.
Y según yo me mira.
Siete, ocho segundos.
Pienso saludarlo con los dedos en V como saludo a toda la gente (me dan paja los besos o dar la mano).
Y mientras me meto al metro, pienso porqué chucha no me atreví. Si realmente me estaba viendo a mí, hubiese sido entretenido ver cómo reaccionaría.
- ¡Pedro!, ¡qué andas haciendo por aquí!
Me doy vuelta.
Es el Anguita.
- Nada. Comprando unos libros y dando una vuelta.
Estación Bellas Artes.
Salgo.
Y busco mi café.
Ya son casi las doce y yo no breakfast.
- Mmmmm, me das una baguette de queso de cabra derretido con orégano. Y un soco de manzana -le digo a la mesera con mi cara agregando el por favor.
Tomo el libro de paleontología de luca y media pero tapa dura, cual cuaderno torre, y me entretengo con la explicación sobre el Grifo, ser mitológico mitad ave mitad león, que aparece en una obra de Esquilo (pico idea quién es ese hueón, pero eso decía el libro).
Me entero que existen personas especializadas en el Protoceraptors de Mongolia y me acuerdo de la talla de Tomate, cuando dice "las callampas de Wyoming" para algo que de verdad se escapa de toda cotidianeidad o interés común.
Que fósil viene de fossilis, que significa desenterrado.
Que hubo montañas de oro en el Desierto de Gobi (Mongolia), y que como históricamente ése ha sido un lugar con muchos restos de dinosaurios, la gente del lugar veía los huesos del dinosaurio éste (el típico cabeza de plato con tres cachitos) y juraba que era la cabeza de un pájaro pero con garras de león que vigilaba el oro de las montañas celestes.
Así nace el Grifo.
Como las callampas de Wyoming.
¡Mi baguette!
Mientras siento el sabor agrio rico del queso de cabra derretido, pienso que no es mala idea venir todos los sábado a desayunar a ese lugar.
Es como cool.
Pasan cinco segundos y pienso: "no, muy snob".
La cuenta.
Camino.
Y llego a mi auto que dejé estacionado cerca de la Plaza Italia antes de tomar el metro.
En la tarde, paso a buscar a la Cata. Arrendamos la primera temporada de Lost en el Blockbuster y nos instalamos a verla en la cama.
A las cuatro de la madrugada la fui a dejar.
Volví a mi pieza y me quedé hasta las nueve de la mañana viendo la maldita serie.
¡Bloody sitcom!
Es domingo, casi lunes, y acabo de despegar la raja de la sábana, pues terminé de ver hasta el último capítulo.
Seis de la mañana.
Pongo el despertador para levantarme a las siete.
No way.
No hueí'.
Me quedé dormido ("bah qué raro!" diría la Cata).
Así que en vez de ir a estudiar la estratigrafía del cajón del Maipo con mi curso de Geología, fui a la lidquidación de bodega de un par de editoriales que aparecía anunciada en The Clinic.
A continuación, un simple relato del sábado, domingo.
Sábadomingo.
Con seis lucas menos y cuatro libros nuevos empecé a caminar por el centro sabatino-matutino de Santiago de Chile.
Uno de Hesse que quién sabe cuando leeré. Otro de Paleontología que ya estoy cachando que va a puro decorar mi colorida estantería de libros. Y dos de cine, Raúl Ruiz y Buñuel. A ver si me toca asiento en la micro o una visita prolongada al baño (de esas que te llenan las piernas de hormigas) para leerlos.
Como la mano con hormigas del perro andaluz.
Crucé la Alameda.
Y empecé a caminar por el Paseo Ahumada.
Puta que me gusta caminar por el Paseo Ahumada.
Porque aparte de ponerme a cantar Bitter Sweet Simphony, pasa que me siento lleno de ciudad. De gente.
De común y corriente.
Presto especial atención a los edificios y a los vendedores o artistas de la calle. Las apuestas de cinco lucas apuraditas.
Pasa cada cosa en el Paseo Ahumada.
Y llegó a la Plaza de Armas, pero no veo ninguna.
La cruzo, entre atriles de pintores parisinos del Montmartre.
Y veo bomberos formados e izando banderas extranjeras.
Veo un carro muy setentero de la compañía de bomberos de Valparaíso con una bandera de Bélgica dibujada.
- Verdad que esa vez que estuve en la casa del embajador belga me habló de esa hueá.
¿Qué hacía yo ahí?
Estuve de intercambio allá y mi "viejo adoptivo" que trabaja en la de Lovaina la Nueva vino a una feria de universidades europeas el año pasado. Y terminé en una lujosa recepción de hueones fomes, con mis shorts rotos y el Duqué (así se apellida mi familia de intercambio) presentándome al embajador.
En Puerto Montt tenía un par de compañeros que estaban en la compañía alemana, pero tampoco me había dado cuenta que hay muchas bombas patrocinadas por países "amigos". De esos que quizá expían sus culpas colonizadoras con un par de carritos.
Himnos.
Discursos lateros.
Y ahí estaba, sudando el gordito, cual Hurley de Lost, embajador del Reino de Bélgica.
El latero.
Y según yo me mira.
Siete, ocho segundos.
Pienso saludarlo con los dedos en V como saludo a toda la gente (me dan paja los besos o dar la mano).
Y mientras me meto al metro, pienso porqué chucha no me atreví. Si realmente me estaba viendo a mí, hubiese sido entretenido ver cómo reaccionaría.
- ¡Pedro!, ¡qué andas haciendo por aquí!
Me doy vuelta.
Es el Anguita.
- Nada. Comprando unos libros y dando una vuelta.
Estación Bellas Artes.
Salgo.
Y busco mi café.
Ya son casi las doce y yo no breakfast.
- Mmmmm, me das una baguette de queso de cabra derretido con orégano. Y un soco de manzana -le digo a la mesera con mi cara agregando el por favor.
Tomo el libro de paleontología de luca y media pero tapa dura, cual cuaderno torre, y me entretengo con la explicación sobre el Grifo, ser mitológico mitad ave mitad león, que aparece en una obra de Esquilo (pico idea quién es ese hueón, pero eso decía el libro).
Me entero que existen personas especializadas en el Protoceraptors de Mongolia y me acuerdo de la talla de Tomate, cuando dice "las callampas de Wyoming" para algo que de verdad se escapa de toda cotidianeidad o interés común.
Que fósil viene de fossilis, que significa desenterrado.
Que hubo montañas de oro en el Desierto de Gobi (Mongolia), y que como históricamente ése ha sido un lugar con muchos restos de dinosaurios, la gente del lugar veía los huesos del dinosaurio éste (el típico cabeza de plato con tres cachitos) y juraba que era la cabeza de un pájaro pero con garras de león que vigilaba el oro de las montañas celestes.
Así nace el Grifo.
Como las callampas de Wyoming.
¡Mi baguette!
Mientras siento el sabor agrio rico del queso de cabra derretido, pienso que no es mala idea venir todos los sábado a desayunar a ese lugar.
Es como cool.
Pasan cinco segundos y pienso: "no, muy snob".
La cuenta.
Camino.
Y llego a mi auto que dejé estacionado cerca de la Plaza Italia antes de tomar el metro.
En la tarde, paso a buscar a la Cata. Arrendamos la primera temporada de Lost en el Blockbuster y nos instalamos a verla en la cama.
A las cuatro de la madrugada la fui a dejar.
Volví a mi pieza y me quedé hasta las nueve de la mañana viendo la maldita serie.
¡Bloody sitcom!
Es domingo, casi lunes, y acabo de despegar la raja de la sábana, pues terminé de ver hasta el último capítulo.
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