extrañaba la sala de embarque
He estado en 21 países.
Rara vez lo cuento.
Y si lo hago ahora es para tratar de transmitir mi usual relación con las salas de embarque.
Trenes y barcos.
Siempre solo.
- ¿Pedrito te llamas cierto?, y déjame ver, mmmm, tienes once años. Ya eres grande. Yo seré la azafata encargada de acompañarte durante el vuelo. Gloria Sayavedra es el nombre de tu madrina, ¿cierto? Ella te va a estar esperando en el aeropuerto de Ciudad de México, así que no te preocupes, yo misma te entregaré a ella.
- ¿Cuántos años me decís que tenés boludo?, ¿17?, Es que no te lo puedo creer. Sabés que antes de venirme para acá a Europa, cho pensaba que qué iba a hacer solo. Que si sería peligroso ¡qué sé cho!, no es que tuviera miedo, no, pero es que mi hermano tiene 20 y debe de estar jugando Nintendo en Buenos Aires, y vos acá, caminando por Roma, solo, como si nada.
- Why did you come to Finland in winter? Minus 35ºC aren't cold enough for you?, How old you told me you were? Twenty, right?.
La última vez que estuve en una sala de embarque internacional, fue hace tres años.
La extrañaba.
Y este viernes vuelvo a estar en una, pero ya no solo. Voy con Daniel, Tomate y Tadashi a Buenos Aires.
Cual Julio César.
(Ya me estoy riendo con las tallas que Tadashi va a tirar estando en el avión).
Va a ser una hueá muy loca caminar juntos rodeado de gente que habla de otra forma.
La sensación de estar fuera de Chile y dentro de un viaje que no vamos a olvidar.
Jajaja.
Apuesto luca que vamos a ir al Obelisco y Tadashi va a decir "gracias".
Por otro lado.
Me da pena no ver a la Cata casi que una semana.
La Cata.
Hoy discutimos por enésima vez.
Y sólo porque es ella la persona con la que quiero estar, es que estoy dispuesto a una discusión n+1.
Con n tendiendo a infinito.
Tiene 19. Y puta que me gusta. Es que es muy rica. Chistosa, linda, despierta.
Hoy, cuando le tiré siete mandarinas al teclado, me pegó un combo en la guata que me dejó botado en el suelo.
Nos reímos.
Dos horas después estábamos discutiendo sobre cosas que si escribiera en este blog, me llegarían tres combos más de esos.
A lo Francisca García Huidobro, ella prefiere que no hablemos sobre nuestra vida privada.
La Cata es de esas chicas que aunque esté en el ambiente en que está, es capaz de hacer clic y darse cuenta de las cosas sencillas.
Me hace sentir seguro.
Y aunque ella no me crea que le creo, le creo.
No pongo las manos al fuego por nadie, pero por ella quizá acercaría una uñita a la llama.
Estar en una sala de embarque es extraño.
Todavía no te has ido, pero ya te fuiste. Te entregas a la espera del despegue. Dudas si pasar por el duty free antes.
Ves otros aviones y sientes curiosidad por otros destinos.
Ves otras caras y sientes curiosidad por otros corazones.
Extrañaba la sala de embarque.
Quizá por eso estoy tan contento también.
De sentir, después de tanto rato, que despego.
Que la Cata y yo, ya despegamos.
Rara vez lo cuento.
Y si lo hago ahora es para tratar de transmitir mi usual relación con las salas de embarque.
Trenes y barcos.
Siempre solo.
- ¿Pedrito te llamas cierto?, y déjame ver, mmmm, tienes once años. Ya eres grande. Yo seré la azafata encargada de acompañarte durante el vuelo. Gloria Sayavedra es el nombre de tu madrina, ¿cierto? Ella te va a estar esperando en el aeropuerto de Ciudad de México, así que no te preocupes, yo misma te entregaré a ella.
- ¿Cuántos años me decís que tenés boludo?, ¿17?, Es que no te lo puedo creer. Sabés que antes de venirme para acá a Europa, cho pensaba que qué iba a hacer solo. Que si sería peligroso ¡qué sé cho!, no es que tuviera miedo, no, pero es que mi hermano tiene 20 y debe de estar jugando Nintendo en Buenos Aires, y vos acá, caminando por Roma, solo, como si nada.
- Why did you come to Finland in winter? Minus 35ºC aren't cold enough for you?, How old you told me you were? Twenty, right?.
La última vez que estuve en una sala de embarque internacional, fue hace tres años.
La extrañaba.
Y este viernes vuelvo a estar en una, pero ya no solo. Voy con Daniel, Tomate y Tadashi a Buenos Aires.
Cual Julio César.
(Ya me estoy riendo con las tallas que Tadashi va a tirar estando en el avión).
Va a ser una hueá muy loca caminar juntos rodeado de gente que habla de otra forma.
La sensación de estar fuera de Chile y dentro de un viaje que no vamos a olvidar.
Jajaja.
Apuesto luca que vamos a ir al Obelisco y Tadashi va a decir "gracias".
Por otro lado.
Me da pena no ver a la Cata casi que una semana.
La Cata.
Hoy discutimos por enésima vez.
Y sólo porque es ella la persona con la que quiero estar, es que estoy dispuesto a una discusión n+1.
Con n tendiendo a infinito.
Tiene 19. Y puta que me gusta. Es que es muy rica. Chistosa, linda, despierta.
Hoy, cuando le tiré siete mandarinas al teclado, me pegó un combo en la guata que me dejó botado en el suelo.
Nos reímos.
Dos horas después estábamos discutiendo sobre cosas que si escribiera en este blog, me llegarían tres combos más de esos.
A lo Francisca García Huidobro, ella prefiere que no hablemos sobre nuestra vida privada.
La Cata es de esas chicas que aunque esté en el ambiente en que está, es capaz de hacer clic y darse cuenta de las cosas sencillas.
Me hace sentir seguro.
Y aunque ella no me crea que le creo, le creo.
No pongo las manos al fuego por nadie, pero por ella quizá acercaría una uñita a la llama.
Estar en una sala de embarque es extraño.
Todavía no te has ido, pero ya te fuiste. Te entregas a la espera del despegue. Dudas si pasar por el duty free antes.
Ves otros aviones y sientes curiosidad por otros destinos.
Ves otras caras y sientes curiosidad por otros corazones.
Extrañaba la sala de embarque.
Quizá por eso estoy tan contento también.
De sentir, después de tanto rato, que despego.
Que la Cata y yo, ya despegamos.
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