entre ternos y flaites
Fuimos a dejar a Daniel al aeropuerto. A él le encantan este tipo de gestos. Más ahora que viaja a Curitiba a defender su título de campeón sudamericano universitario de lanzamiento de bala. Tiene fuerza Daniel.
Tadashi se rajó con el desayuno en el Gatsby para los cuatro. Fui feliz haciéndote recagar la billetera. Nos lo debías desde que empezaste a trabajar y a ganar muchas lucas al mes.
Estaba despejado. Manejaba yo. Tomate de copiloto. Tadashi atrás. Contando chistes. Viendo despegar aviones. Contentos por Daniel. Contentos porque solemos estar contentos si estamos juntos. Así de simple. Aunque peleemos a veces.
- Puta la hueá parece que me pasé -dije sin reconocer un paso bajo nivel de la autopista.
- Si po, era más atrás -dijo Tadashi.
- Chucha ¿y por qué no me dijiste?
- No sé no caché. Filo falta caleta para entrar a clases.
Próxima salida a dos kilómetros.
Y en los metros finales una mole de vidrios y cemento.
- ¿Y esa hueá qué es?
- Es el edificio que contruyeron para la reforma procesal penal. Donde se hacen los juicios orales. Me gusta, es bonito, además que lo hayan hecho así tan transparente con tanto vidrio yo creo que fue premeditado. Como queriendo dejar en claro la transparencia de la justicia -dije casi que con ganas de entrar.
- Bacán.
- ¿Entremos?, ¿metámonos a un juicio oral a cachar? -dije con ganas de entrar - hagamos que haya valido la pena pa' algo habernos pasado.
- No, filo pa qué -dijo tomate.
Tadashi no dijo nada creo.
Me salí de la autopista. Me estacioné.
- ¿La dura vamos a entrar? -dijo tomate mientras me sacaba el cinturón de seguridad y abría mi puerta.
- Vamos hue'ón, es algo distinto. Si no, quizá nunca lo vamos a hacer. Además después lo puedo escribir en mi blog.
Empezamos a caminar.
Repito. El cielo despejado.
Y de verdad la arquitectura nos convencía de las buenas nuevas intenciones de la justicia reformada.
Caminamos. Y sólo gente con terno. O vestidos formales. Fiscales y abogados. Abogadas.
- Capaz que hasta vea a alguno de esos que salen en la tele -pensé- pero en realidad no recuerdo la cara de ninguno.
Y de repente entre toda la formalidad, un viejo y un joven. Con zapatillas caña alta. Desabrochadas. Pelo mojado. Y emputecido diciendo algo que no alcancé a entender. Sólo su cara de enojo. Que prejuicioso yo o no, me siento tranquilo de cruzármelo sólo en ese lugar.
- Parece que lo declararon culpable a éste -dijo Tadashi.
Nos reímos.
Aparece un rechonchito terneado al que le pregunto.
- ¿Dónde puedo ir a un juicio oral?, ¿por qué podemos cierto?, o sea en la publicidad vi que eso decían.
- Sí, por supuesto. Está abierto a cualquier ciudadano o ciudadana que desee presenciarlos porque así es como funciona la nueva justicia en Chile.
- Bueno pero dígame por donde puedo ir -dije interrumpiendo al que parecía un promotonto, perdón, promotor, más que abogado.
- Siga derecho y a la primera entrada.
- Muchas gracias.
Caminamos.
Detector de metales.
El show que hicimos Tadashi, tomate y yo, junto a la simpatía del guardia viejito con cara tierna y sonrisa más tierna aún con su boina azul en la cabeza, fue tal, que pudimos haber pasado seis pistolas cada uno.
- Piiiiiiiip.
- Deje todas sus cosas de metal ahí y vuelva a pasar por favor.
- Piiiiiiiip.
- ¿No trae nada más? -me pregunta.
- No. Supongo que son los zapatos.
En eso pasa Tadashi.
- Piiiiiiiip.
- Pasa de nuevo hue'ón -le dice tomate.
Y en vez de darse la vuelta para hacerlo, Tadashi regresa de espalda a lo Michael Jackson.
- Piiiiiiiip.
- Jajajaja el hue'ón.
Y pasó de nuevo.
- Piiiiiiiip.
Total que me quedé conversando con el guardia mientras los piiiiiip de Tadashi y tomate sonaban de fondo cual banda sonora.
- ¿A qué juicio puedo ir?
- Al que usted quiera. Hay uno muy bueno acá a la izquierda. Llevan como cuatro horas y han hecho ya dos recesos. Es de una presunta violación.
Quedo atónito.
Por el morbo entusiasta del guardia.
Por mi morbo, a prueba de balas después de ver las fotos de Hans Pozo.
- Pregunte de todas formas ahí en recepción.
- Piiiiiiip.
Me acerco a una ventanilla y hago la misma pregunta. Se queda en silencio y frunce el ceño (¡siempre quise escribir eso!: fruncir el ceño). Un segundo de silencio. Dos. Tres.
- ¿Quiere entrar a un juicio oral como espectador? -me dice sin desarmar la mueca.
- Sí, claro. El guardia me dijo que había uno ahí a la izquierda.
Otros tres segundos en silencio. Extrañado. Seguro y pensó "estos pendejos andan turisteando ¿o qué?".
- Ok. Pase ahí. Si la puerta está cerrada toque. Un gendarme debe abrirle.
- Muchas gracias.
Un pasillo y una puerta grande.
- ¿Qué película vamos a ver? -dice Tadashi.
Nos reímos. De verdad parecía puerta del Hoyts.
Toc Toc.
Nada.
Toc toc toc.
Nada.
- Yo estuve tocando ya y no me abrieron -dice una señora que esperaba afuera.
- ¿Y tocó fuerte?
- No, suavecito como tú -me dice.
TOC TOC TOC.
Golpeé más fuerte.
Y la puerta se abre lentamente.
Reímos nerviosos y entramos.
Si quieres saber como sigue: Rondizzoni esquina Viel, metro Rondizzoni. Puedes ir cuando quieras, pues como dijo el abogado-promotor: "Está abierto a cualquier ciudadano o ciudadana que desee presenciarlos porque así es como funciona la nueva justicia en Chile".
Saludos.
Tadashi se rajó con el desayuno en el Gatsby para los cuatro. Fui feliz haciéndote recagar la billetera. Nos lo debías desde que empezaste a trabajar y a ganar muchas lucas al mes.
Estaba despejado. Manejaba yo. Tomate de copiloto. Tadashi atrás. Contando chistes. Viendo despegar aviones. Contentos por Daniel. Contentos porque solemos estar contentos si estamos juntos. Así de simple. Aunque peleemos a veces.
- Puta la hueá parece que me pasé -dije sin reconocer un paso bajo nivel de la autopista.
- Si po, era más atrás -dijo Tadashi.
- Chucha ¿y por qué no me dijiste?
- No sé no caché. Filo falta caleta para entrar a clases.
Próxima salida a dos kilómetros.
Y en los metros finales una mole de vidrios y cemento.
- ¿Y esa hueá qué es?
- Es el edificio que contruyeron para la reforma procesal penal. Donde se hacen los juicios orales. Me gusta, es bonito, además que lo hayan hecho así tan transparente con tanto vidrio yo creo que fue premeditado. Como queriendo dejar en claro la transparencia de la justicia -dije casi que con ganas de entrar.
- Bacán.
- ¿Entremos?, ¿metámonos a un juicio oral a cachar? -dije con ganas de entrar - hagamos que haya valido la pena pa' algo habernos pasado.
- No, filo pa qué -dijo tomate.
Tadashi no dijo nada creo.
Me salí de la autopista. Me estacioné.
- ¿La dura vamos a entrar? -dijo tomate mientras me sacaba el cinturón de seguridad y abría mi puerta.
- Vamos hue'ón, es algo distinto. Si no, quizá nunca lo vamos a hacer. Además después lo puedo escribir en mi blog.
Empezamos a caminar.
Repito. El cielo despejado.
Y de verdad la arquitectura nos convencía de las buenas nuevas intenciones de la justicia reformada.
Caminamos. Y sólo gente con terno. O vestidos formales. Fiscales y abogados. Abogadas.
- Capaz que hasta vea a alguno de esos que salen en la tele -pensé- pero en realidad no recuerdo la cara de ninguno.
Y de repente entre toda la formalidad, un viejo y un joven. Con zapatillas caña alta. Desabrochadas. Pelo mojado. Y emputecido diciendo algo que no alcancé a entender. Sólo su cara de enojo. Que prejuicioso yo o no, me siento tranquilo de cruzármelo sólo en ese lugar.
- Parece que lo declararon culpable a éste -dijo Tadashi.
Nos reímos.
Aparece un rechonchito terneado al que le pregunto.
- ¿Dónde puedo ir a un juicio oral?, ¿por qué podemos cierto?, o sea en la publicidad vi que eso decían.
- Sí, por supuesto. Está abierto a cualquier ciudadano o ciudadana que desee presenciarlos porque así es como funciona la nueva justicia en Chile.
- Bueno pero dígame por donde puedo ir -dije interrumpiendo al que parecía un promotonto, perdón, promotor, más que abogado.
- Siga derecho y a la primera entrada.
- Muchas gracias.
Caminamos.
Detector de metales.
El show que hicimos Tadashi, tomate y yo, junto a la simpatía del guardia viejito con cara tierna y sonrisa más tierna aún con su boina azul en la cabeza, fue tal, que pudimos haber pasado seis pistolas cada uno.
- Piiiiiiiip.
- Deje todas sus cosas de metal ahí y vuelva a pasar por favor.
- Piiiiiiiip.
- ¿No trae nada más? -me pregunta.
- No. Supongo que son los zapatos.
En eso pasa Tadashi.
- Piiiiiiiip.
- Pasa de nuevo hue'ón -le dice tomate.
Y en vez de darse la vuelta para hacerlo, Tadashi regresa de espalda a lo Michael Jackson.
- Piiiiiiiip.
- Jajajaja el hue'ón.
Y pasó de nuevo.
- Piiiiiiiip.
Total que me quedé conversando con el guardia mientras los piiiiiip de Tadashi y tomate sonaban de fondo cual banda sonora.
- ¿A qué juicio puedo ir?
- Al que usted quiera. Hay uno muy bueno acá a la izquierda. Llevan como cuatro horas y han hecho ya dos recesos. Es de una presunta violación.
Quedo atónito.
Por el morbo entusiasta del guardia.
Por mi morbo, a prueba de balas después de ver las fotos de Hans Pozo.
- Pregunte de todas formas ahí en recepción.
- Piiiiiiip.
Me acerco a una ventanilla y hago la misma pregunta. Se queda en silencio y frunce el ceño (¡siempre quise escribir eso!: fruncir el ceño). Un segundo de silencio. Dos. Tres.
- ¿Quiere entrar a un juicio oral como espectador? -me dice sin desarmar la mueca.
- Sí, claro. El guardia me dijo que había uno ahí a la izquierda.
Otros tres segundos en silencio. Extrañado. Seguro y pensó "estos pendejos andan turisteando ¿o qué?".
- Ok. Pase ahí. Si la puerta está cerrada toque. Un gendarme debe abrirle.
- Muchas gracias.
Un pasillo y una puerta grande.
- ¿Qué película vamos a ver? -dice Tadashi.
Nos reímos. De verdad parecía puerta del Hoyts.
Toc Toc.
Nada.
Toc toc toc.
Nada.
- Yo estuve tocando ya y no me abrieron -dice una señora que esperaba afuera.
- ¿Y tocó fuerte?
- No, suavecito como tú -me dice.
TOC TOC TOC.
Golpeé más fuerte.
Y la puerta se abre lentamente.
Reímos nerviosos y entramos.
Si quieres saber como sigue: Rondizzoni esquina Viel, metro Rondizzoni. Puedes ir cuando quieras, pues como dijo el abogado-promotor: "Está abierto a cualquier ciudadano o ciudadana que desee presenciarlos porque así es como funciona la nueva justicia en Chile".
Saludos.
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