fragmento
La parte anterior de sus muslos desnudos se adhería con el sudor a las caderas también desnudas de él, para luego despegarse con el movimiento lento oblicuo hacia adelante y arriba. Atrás y abajo. Adelante y arriba. Así repetidas veces, provocando el roce entre ambos cuerpos. Pero el roce que más le gustaba a ella, era el que sentía dentro de su cuerpo. Penetrada por él.
Él no solía aguantar más de tres minutos, por lo que esta vez estaba sorprendida de que su disco favorito estuviese ya en la canción siete siendo que había apretado play al mismo tiempo en que se sacaba la polera.
Sus pechos eran pequeños. Sabía que Sebastián los prefería gigantes. Sabía también que Sebastián no entendía cómo podían gustarle tanto los suyos, al punto de preferirlos excepcionalmente por ser ella. Al menos eso le decía cada vez que se deshacía de sus sostenes y sus pechos se quedaban ahí. Quietos. Duros. Acusando el deseo por él. Era entonces cuando Sebastián los tomaba con las manos y los apretaba y levantaba como haciéndolos crecer. Los rodeaba con los cinco dedos que en un mismo movimiento terminaban congregándose en sus pezones. Entonces sólo quedaban el índice y el pulgar con el que hacía girar sus pezones endurecidos, como si se tratara de subir y bajar el volumen de una canción. Pero la canción eran los gemidos de gusto que Paula daba al sentir su piel de gallina, la sangre caliente en sus pechos, cuello, piernas y mejillas.
Sebastián sintió que ya no alcanzarían a escuchar una canción más del disco de Paula, así que la tomó de la cintura. Se levantó. La puso con suavidad boca abajo en la cama. Se acostó encima de ella y poniendo ambas manos en su cadera la levantó un poco para poder sentirla mejor. Sabía que era la posición preferida de Paula al punto de no tener que hacer fuerza con los brazos pues ella sola se levantaba hacia arriba y un poco hacia atrás. Aún así amaba que Sebastián la tomara fuerte de las caderas y sincronizados apuraran el ritmo de los últimos segundos.
Caderas aceleradas.
Apresuradas.
Gotas de transpiración eclosionando desde la piel.
El jadeo y las tablas de la cama se hacían evidentes.
El grito contenido.
Más fuerza en las manos de él, más arrugadas las sábanas en las de ella.
Entonces la sincronía se imprimió de un poco de dolor, de agresividad en los gestos, consensuada y justificada por el calor de los cuerpos. Era el punto álgido de todo este baile desnudos.
La apertura máxima de los poros.
Abruptamente el ritmo bajó casi deteniéndose, pero no la fuerza con la que ella se dejaba penetrar. Todavía no. Sería sólo pasados unos segundos, terminada la canción, que los invadió la necesidad de abrazarse, mojados y sedientos. De tocarse con tal suavidad como pidiéndose perdón o intentaran contrapesar la violencia con la que se apretaron minutos antes.
Paula es la ex de Sebastián.
Terminaron hace seis meses.
Esto aparece escrito en una parte de lo que me gustaría alguna vez terminara siendo un libro. Novela. Lo que sea.
Y quiero opiniones.
Las suyas.
Él no solía aguantar más de tres minutos, por lo que esta vez estaba sorprendida de que su disco favorito estuviese ya en la canción siete siendo que había apretado play al mismo tiempo en que se sacaba la polera.
Sus pechos eran pequeños. Sabía que Sebastián los prefería gigantes. Sabía también que Sebastián no entendía cómo podían gustarle tanto los suyos, al punto de preferirlos excepcionalmente por ser ella. Al menos eso le decía cada vez que se deshacía de sus sostenes y sus pechos se quedaban ahí. Quietos. Duros. Acusando el deseo por él. Era entonces cuando Sebastián los tomaba con las manos y los apretaba y levantaba como haciéndolos crecer. Los rodeaba con los cinco dedos que en un mismo movimiento terminaban congregándose en sus pezones. Entonces sólo quedaban el índice y el pulgar con el que hacía girar sus pezones endurecidos, como si se tratara de subir y bajar el volumen de una canción. Pero la canción eran los gemidos de gusto que Paula daba al sentir su piel de gallina, la sangre caliente en sus pechos, cuello, piernas y mejillas.
Sebastián sintió que ya no alcanzarían a escuchar una canción más del disco de Paula, así que la tomó de la cintura. Se levantó. La puso con suavidad boca abajo en la cama. Se acostó encima de ella y poniendo ambas manos en su cadera la levantó un poco para poder sentirla mejor. Sabía que era la posición preferida de Paula al punto de no tener que hacer fuerza con los brazos pues ella sola se levantaba hacia arriba y un poco hacia atrás. Aún así amaba que Sebastián la tomara fuerte de las caderas y sincronizados apuraran el ritmo de los últimos segundos.
Caderas aceleradas.
Apresuradas.
Gotas de transpiración eclosionando desde la piel.
El jadeo y las tablas de la cama se hacían evidentes.
El grito contenido.
Más fuerza en las manos de él, más arrugadas las sábanas en las de ella.
Entonces la sincronía se imprimió de un poco de dolor, de agresividad en los gestos, consensuada y justificada por el calor de los cuerpos. Era el punto álgido de todo este baile desnudos.
La apertura máxima de los poros.
Abruptamente el ritmo bajó casi deteniéndose, pero no la fuerza con la que ella se dejaba penetrar. Todavía no. Sería sólo pasados unos segundos, terminada la canción, que los invadió la necesidad de abrazarse, mojados y sedientos. De tocarse con tal suavidad como pidiéndose perdón o intentaran contrapesar la violencia con la que se apretaron minutos antes.
Paula es la ex de Sebastián.
Terminaron hace seis meses.
Esto aparece escrito en una parte de lo que me gustaría alguna vez terminara siendo un libro. Novela. Lo que sea.
Y quiero opiniones.
Las suyas.
4 Opiniones:
Me encantó el fragmento y más al descubrir algo de sus protagonistas.
Pocos son capaces de enfrentar pseudo aventuras como las de Paula y Sebastián, aceptarlas en sus vidas y asumir que están inmersos, peros son menos quienes las reconocen.
Para mí Paula y Sebastián tienen otros nombres, y están cerca, muy cerca de mí, tanto que a veces me cuesta separarlos. Pero son cosas que pasan, debieran o no, y hay que tener fuerza y valentía para aceptarlas y sobretodo mucho coraje para aguantarlas ... y vivirlas (digan lo que digan).
Me alegro que estés de vuelta, bien y asumo que descansado.
Saludos!!!
la historia me encanto se leia muy real... ¿es solo tu imaginación o algo observado de manera cercana?...
Me parece que cada día escribes mejor pedrito y eso se agradece... entretienes momentos de personas, que capaz que se crucen contigo en la calle y no tendrian ideas que eres tu... o quizas te ven y sienten un dejavu como si te hubieran visto antes.....
siempre es un agrado leerte... lo mas heavy de leerte y aqui va un cumplido... es que no pareces un niño de 23 años... muy maduro...
eso es todo saludos niño!!!!! de aca de la selva...
Creo que hay que tener un cuidado especial en la ubicación contextual que tendrá un fragmento de este tipo, ya que es bastante complicado escribirlo sin caer en lo vulgar. (Al igual que las “groserías”-demasiado comunes en la literatura chilena contemporánea- pueden tomar un sentido catastrófico para el texto, si no se logran transmitir correctamente)
Aquí la línea no se rompe y el lector se encuentra en el punto preciso entre lo cotidiano y lo artístico.
Son detalles de " hacer el amor" y que no se cuentan pero que son las que te hacen sentir verdaderamente, esos detalles que hacen la diferencia que mezclado con amor son mejor.
Va bien, me gusta, pero me gustaría saber todo desde el principio, dónde empezó la conexión, tal vez las primeras palabras.
Saludos
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