Gonzi está tirado en el sillón.
Yo de espaldas a la tele y al concierto en Glastonbury 2004 de Franz Ferdinand.
- Dale una toalla limpia al Pedro - le dijo su vieja a mi amigo desde Kinder A.
En la tarde vamos a ver el mega súper ultra clásico del fútbol chileno: Puerto Montt v/s Audax Italiano.
En realidad es una mierda pero como nuetro compañero de curso del colegio es el capitán de Puerto Montt se transforma en la excusa perfecta para que nos juntemos a gritar y reir muchos de los que compartimos un cuarto medio B y todos los cursos antes.
Lo encuentro genial. Tus amigos del colegio. Un estadio con vista al mar porque no existe tribuna andes entonces ves el canal y la isla al frente. "Ya po corre Leandro mierda", "pásala, pásala, márcalo conchatumadre".
- Aló Diego ¿estabai durmiendo?
- Puta más o menos.
Diego es un compañero de la U. Santiaguino. Que está haciendo su práctica en una salmonera acá en Puerto Montt. ¡Qué provincialmente despectivo me salió: santiaguino! Anoche me di cuenta que me estaba achilotando un poco hasta en la forma de hablar.
- Soy Pedro. De la U. Pineda.
- Ahh hola po Peter.
- ¿Qué vas a hacer en la tarde?
- Voy con el Juanjo a Isla Tenglo parece.
- Ah pura mierda, oye, yo voy al estadio con unos amigos, es una mierda de partido, pero como juega un compañero de curso vamos a ir un grupo piola ¿quieres venir?
- Vale, bacán.
- Listo entonces, nos juntamos a las cinco y media en la plaza.
Corto y me pongo a pensar "en la plaza". Genial. Hacía mucho tiempo que no le decía a alguien "nos juntamos en la plaza".
Ayer. Mi primer día en Puerto Montt, fue de los más humano turísticamente. Y es que como me conozco casi de memoria la ciudad y las aledañas me dedico a conversar con gente que no veo, en algunos casos, hace cinco años.
Y me voy enterando de vidas enteras en cuatro cuadras. Hablando como si nos conociéramos de toda la vida y tuviéramos esa confianza para hablarnos. Personas que veías con el uniforme del colegio de monjas casi todos los días (el mío era el de los curas, los jesuitas) pero que nunca te contó detalle alguno de su vida.
- Pamela Soto, tanto tiempo.
- Hooooola po Pedro.
Unos seis blablaes.
- ¿Y a dónde vas ahora?
- Al gimnasio acá, a tres cuadras - me dice Pamela.
- Te acompaño y conversamos.
Que estuve mal, que reventé, que estuve con doctor y todo, que mi viejo es una mierda, que el mío también.
Frente a la escalera mecánica que la llevaba al GYM nos despedimos.
- Chaito.
- Chao que te vaya bien.
Seguro pasan varios años más antes de volver a conversar así. A ninguno de los dos nos interesa demasiado el otro.
Camino.
Paso por el café típico de Puerto Montt en donde se juntan todos los viejos a politiquear.
Y me encuentro con un viejo típico de los que se junta a politiquear. Ja. Pero a este le tengo especial aprecio. Y hasta una especie de admiración.
Me encanta hablar con el Coño Castillo. Es de esas personas con las que uno puede rajarse hablando. Abrir su mochila de intelectualidad, intelectualoide o no, y simplemente hablar sin preocuparse de parecerle un fanfarrón cuando en realidad lo único que haces es hablar sobre lo que piensas, sabes y sientes.
Eso es algo que no puedo hacer muy seguido.
No sé si sea una enciclopedia con patas o un hueón muy culto como afirman algunos.
Sí sé que prefiero no hablar de lo que sé por miedo a aburrir o hacer callar al resto. Alguna vez me ha pasado que llego a límites en la conversación en que la otra persona no sabe qué decir y hasta se siente intimidada, entonces a mí que no me sirve ni me interesa estar dando cátedra sobre nada, prefiero que alguien me cuente sobre las cosas que sabe y disfruta, mientras yo callo y pregunto.
Pero con el Coño, que es papá de una amiga y amigo de mi papá a la vez, me preocupo nada.
Y viajamos de Foucault al zen. De Montaigne, que me enseñó ayer que fue el primer blogger por allá por el 1700, a su esclorosis múltiple.
De pronto aparece mi papá.
Obvio.
Puerto Montt es muy chico y de por sí, él es uno de esos viejos politiqueros. Muy amigo del Coño, por lo que sabía que podría aparecer.
Es más, yo sabía que venía de la feria del libro, porque antes de encontrarme con Pamela en la calle había entrado a la carpa de la feria y lo primero que escuché fue la voz de mi viejo. Puta la hueá, primeros pasos en el centro de Puerto Montt y ya me cruzo con él. No me vio y salí de ahí. Así que estaba sentado en el café, temerario-indiferente de si aparecía mi viejo, la persona con la que no hablaba ni por teléfono hace más de un año.
Se veía más gordo.
- Hola - le dije.
- Peeeedro - me dijo con una voz de sorpresa como si yo no supiera que de seguro mi hermano le había dicho que yo estaba en Puerto Montt.
Me puse a pensar qué estaría pensando el Coño, viendo esa escena y enterado de todo.
No nos pescamos. Yo sabía que sería muy pendejo salir corriendo, porque además seguramente volvería a toparme con él. Así que seguí hablando un poco sobre Coloane con el Coño.
Mi viejo se paró al baño. Se demoró poco. Volvió, apareció otro viejo politiquero, el Karim, y se fueron los dos. Antes, junto con el beso me pasó un papelito.
Mi viejo siempre ha sido asi. Siempre me ha tenido mucho respeto y hasta un poco de miedo diría yo. Igual que mis pololas. Tienen pánico de mi reproche moral, de mi mirada increpadora cuando hacen o dicen algo con maldad, con odio.
Aparte, ya está loco con que yo no lo pesque hace tanto.
Si quieres, si puedes, me encantaría hablar contigo. Mi celu 09/1111111"
¿Por qué no? pensé.
Pasaron tres horas hablando con el Coño y saludando a la gente que pasaba por fuera del café, lo acompañé a tomar el colectivo a su casa caminando al ritmo de su bastón.
- ¿Cómo se llama tu enfermedad?, ¿fibrosis quística?
- No. Escloreosis múltiple.
- Ah, es que ayer estaba leyendo sobre genética y decía algo sobre la fibrosis quística entonces me acordé de ti. Oye ¿y tu operación a los ojos resultó bien?
- Con éste no veo ya, lo perdí. Y con el otro veo un poco.
- Oye ¿y no te has angustiado con la muerte? - le pregunté justo antes de preguntarle por Kierkegaard.
Tú ves al Coño Castillo y lo encuentras hasta viejo guapetón. Y si no fuera por sus rodillas juguetonas que parecieran no hacerle mucho caso, no te darías cuenta que por dentro se está muriendo. Que apenas puede leer y estudiar sobre teoría del caos como le gustaría. Todo en él, en su cuerpo, se degenera progresivamente llamando a la muerte.
- Ese colectivo te sirve ¿no?
- No, otro, el de letrero blanco.
- Oye Coño, un gusto conversar contigo. Igual pa' vos debe ser extraño estar hablando con un pendejo.
- Por el contrario. Es muy agradable. Ya con estos viejos de Puerto Montt no es mucho lo que se puede hacer, en cambio ustedes los jóvenes traen algo del mundo acá a Puerto Montt.
Me sentí muy al sur del mundo. Me estaba dando cuenta que no se trata sólo de mil kilómetros de distancia, de doce horas en un bus. Por muchos edificios nuevos que florecían en la ciudad, Puerto Montt seguía siendo un lugar en que el conocimiento es escolar o de tipo universidad privada, de las que empiezan a aparecer y que recogen la sabiduría de todos los viejos de este sur que bien envidiarían unos cuantos en Santiago.
- Ahí viene el mío - me dijo.
- Vale, cuídate nos vemos.
Busco un teléfono público pero no tengo monedas.
- Flaco una moneda - me dice un punkie.
- No tengo, justo vengo a cambiar acá al negocio.
Pone la típica cara de "no te creo pero filo".
Me compro un chocolate, separo las monedas para el teléfono y a la salida le doy un par al punkie poniendo cara de "viste que te estaba diciendo la verdad".
- Aló Gonzi, ¿dónde estás?
- Viendo el partido del colo en un bar con Comi.
- Ah voy pa' allá ¿qué hacemos en la noche? - le pregunto.
- No cacho, pero quédate en mi casa a dormir.
Yo de espaldas a la tele y al concierto en Glastonbury 2004 de Franz Ferdinand.
- Dale una toalla limpia al Pedro - le dijo su vieja a mi amigo desde Kinder A.
En la tarde vamos a ver el mega súper ultra clásico del fútbol chileno: Puerto Montt v/s Audax Italiano.
En realidad es una mierda pero como nuetro compañero de curso del colegio es el capitán de Puerto Montt se transforma en la excusa perfecta para que nos juntemos a gritar y reir muchos de los que compartimos un cuarto medio B y todos los cursos antes.
Lo encuentro genial. Tus amigos del colegio. Un estadio con vista al mar porque no existe tribuna andes entonces ves el canal y la isla al frente. "Ya po corre Leandro mierda", "pásala, pásala, márcalo conchatumadre".
- Aló Diego ¿estabai durmiendo?
- Puta más o menos.
Diego es un compañero de la U. Santiaguino. Que está haciendo su práctica en una salmonera acá en Puerto Montt. ¡Qué provincialmente despectivo me salió: santiaguino! Anoche me di cuenta que me estaba achilotando un poco hasta en la forma de hablar.
- Soy Pedro. De la U. Pineda.
- Ahh hola po Peter.
- ¿Qué vas a hacer en la tarde?
- Voy con el Juanjo a Isla Tenglo parece.
- Ah pura mierda, oye, yo voy al estadio con unos amigos, es una mierda de partido, pero como juega un compañero de curso vamos a ir un grupo piola ¿quieres venir?
- Vale, bacán.
- Listo entonces, nos juntamos a las cinco y media en la plaza.
Corto y me pongo a pensar "en la plaza". Genial. Hacía mucho tiempo que no le decía a alguien "nos juntamos en la plaza".
Ayer. Mi primer día en Puerto Montt, fue de los más humano turísticamente. Y es que como me conozco casi de memoria la ciudad y las aledañas me dedico a conversar con gente que no veo, en algunos casos, hace cinco años.
Y me voy enterando de vidas enteras en cuatro cuadras. Hablando como si nos conociéramos de toda la vida y tuviéramos esa confianza para hablarnos. Personas que veías con el uniforme del colegio de monjas casi todos los días (el mío era el de los curas, los jesuitas) pero que nunca te contó detalle alguno de su vida.
- Pamela Soto, tanto tiempo.
- Hooooola po Pedro.
Unos seis blablaes.
- ¿Y a dónde vas ahora?
- Al gimnasio acá, a tres cuadras - me dice Pamela.
- Te acompaño y conversamos.
Que estuve mal, que reventé, que estuve con doctor y todo, que mi viejo es una mierda, que el mío también.
Frente a la escalera mecánica que la llevaba al GYM nos despedimos.
- Chaito.
- Chao que te vaya bien.
Seguro pasan varios años más antes de volver a conversar así. A ninguno de los dos nos interesa demasiado el otro.
Camino.
Paso por el café típico de Puerto Montt en donde se juntan todos los viejos a politiquear.
Y me encuentro con un viejo típico de los que se junta a politiquear. Ja. Pero a este le tengo especial aprecio. Y hasta una especie de admiración.
Me encanta hablar con el Coño Castillo. Es de esas personas con las que uno puede rajarse hablando. Abrir su mochila de intelectualidad, intelectualoide o no, y simplemente hablar sin preocuparse de parecerle un fanfarrón cuando en realidad lo único que haces es hablar sobre lo que piensas, sabes y sientes.
Eso es algo que no puedo hacer muy seguido.
No sé si sea una enciclopedia con patas o un hueón muy culto como afirman algunos.
Sí sé que prefiero no hablar de lo que sé por miedo a aburrir o hacer callar al resto. Alguna vez me ha pasado que llego a límites en la conversación en que la otra persona no sabe qué decir y hasta se siente intimidada, entonces a mí que no me sirve ni me interesa estar dando cátedra sobre nada, prefiero que alguien me cuente sobre las cosas que sabe y disfruta, mientras yo callo y pregunto.
Pero con el Coño, que es papá de una amiga y amigo de mi papá a la vez, me preocupo nada.
Y viajamos de Foucault al zen. De Montaigne, que me enseñó ayer que fue el primer blogger por allá por el 1700, a su esclorosis múltiple.
De pronto aparece mi papá.
Obvio.
Puerto Montt es muy chico y de por sí, él es uno de esos viejos politiqueros. Muy amigo del Coño, por lo que sabía que podría aparecer.
Es más, yo sabía que venía de la feria del libro, porque antes de encontrarme con Pamela en la calle había entrado a la carpa de la feria y lo primero que escuché fue la voz de mi viejo. Puta la hueá, primeros pasos en el centro de Puerto Montt y ya me cruzo con él. No me vio y salí de ahí. Así que estaba sentado en el café, temerario-indiferente de si aparecía mi viejo, la persona con la que no hablaba ni por teléfono hace más de un año.
Se veía más gordo.
- Hola - le dije.
- Peeeedro - me dijo con una voz de sorpresa como si yo no supiera que de seguro mi hermano le había dicho que yo estaba en Puerto Montt.
Me puse a pensar qué estaría pensando el Coño, viendo esa escena y enterado de todo.
No nos pescamos. Yo sabía que sería muy pendejo salir corriendo, porque además seguramente volvería a toparme con él. Así que seguí hablando un poco sobre Coloane con el Coño.
Mi viejo se paró al baño. Se demoró poco. Volvió, apareció otro viejo politiquero, el Karim, y se fueron los dos. Antes, junto con el beso me pasó un papelito.
Mi viejo siempre ha sido asi. Siempre me ha tenido mucho respeto y hasta un poco de miedo diría yo. Igual que mis pololas. Tienen pánico de mi reproche moral, de mi mirada increpadora cuando hacen o dicen algo con maldad, con odio.
Aparte, ya está loco con que yo no lo pesque hace tanto.
Si quieres, si puedes, me encantaría hablar contigo. Mi celu 09/1111111"
¿Por qué no? pensé.
Pasaron tres horas hablando con el Coño y saludando a la gente que pasaba por fuera del café, lo acompañé a tomar el colectivo a su casa caminando al ritmo de su bastón.
- ¿Cómo se llama tu enfermedad?, ¿fibrosis quística?
- No. Escloreosis múltiple.
- Ah, es que ayer estaba leyendo sobre genética y decía algo sobre la fibrosis quística entonces me acordé de ti. Oye ¿y tu operación a los ojos resultó bien?
- Con éste no veo ya, lo perdí. Y con el otro veo un poco.
- Oye ¿y no te has angustiado con la muerte? - le pregunté justo antes de preguntarle por Kierkegaard.
Tú ves al Coño Castillo y lo encuentras hasta viejo guapetón. Y si no fuera por sus rodillas juguetonas que parecieran no hacerle mucho caso, no te darías cuenta que por dentro se está muriendo. Que apenas puede leer y estudiar sobre teoría del caos como le gustaría. Todo en él, en su cuerpo, se degenera progresivamente llamando a la muerte.
- Ese colectivo te sirve ¿no?
- No, otro, el de letrero blanco.
- Oye Coño, un gusto conversar contigo. Igual pa' vos debe ser extraño estar hablando con un pendejo.
- Por el contrario. Es muy agradable. Ya con estos viejos de Puerto Montt no es mucho lo que se puede hacer, en cambio ustedes los jóvenes traen algo del mundo acá a Puerto Montt.
Me sentí muy al sur del mundo. Me estaba dando cuenta que no se trata sólo de mil kilómetros de distancia, de doce horas en un bus. Por muchos edificios nuevos que florecían en la ciudad, Puerto Montt seguía siendo un lugar en que el conocimiento es escolar o de tipo universidad privada, de las que empiezan a aparecer y que recogen la sabiduría de todos los viejos de este sur que bien envidiarían unos cuantos en Santiago.
- Ahí viene el mío - me dijo.
- Vale, cuídate nos vemos.
Busco un teléfono público pero no tengo monedas.
- Flaco una moneda - me dice un punkie.
- No tengo, justo vengo a cambiar acá al negocio.
Pone la típica cara de "no te creo pero filo".
Me compro un chocolate, separo las monedas para el teléfono y a la salida le doy un par al punkie poniendo cara de "viste que te estaba diciendo la verdad".
- Aló Gonzi, ¿dónde estás?
- Viendo el partido del colo en un bar con Comi.
- Ah voy pa' allá ¿qué hacemos en la noche? - le pregunto.
- No cacho, pero quédate en mi casa a dormir.
8 Opiniones:
Tengo sentimientos encontrados con este blog. Como que de repente pienso, que onda este gueon!! porque se abacana tanto!! rayos. Pero por otro lado, me es imposible ignorar que a la larga todos somos iguales, todos creemos que la gente nos ve de una forma determinada, que nos encuentran la raja, secos. Pero nadie es capaz de asumirlo. Todos prefiern decir- ay, es que yo hago las cosas tan mal!- pa que la gente diga..-ay! naquever,gallo!-. No se si me explico. Bueno, al menos hice el intento de escribir lo que me quedo de este blog.
De todas maneras, un beso para ti, disfruta el lugar, la gente, aprende!. nunca esta demás.
es que esta vida hay tanto por aprender!!
cariños,
Constance.
pd: una buena forma de salir del paso, cuando empiezas a profundizar en un tema frente a tus amigos, y a ellos se les empieza deformar la cara de no cachar na, lo mejor es tirar una talla sobre las gueas que estay hablando.(asi todo el mundo se relaja,y ute mijito queda como rey!)
pd2:el otro dia vi en mtv un video de the magic numbers, y me acorde de vo's pos pedrito. Buena canción.
pd3:bye.
Siempre vengo a mirar por acá. A sapear. Es un buen término.. Yo cacho que es porque quedé medio insatisfecha cuando me encontré escuchando ace of base. Me piqué y apagué los parlantes.
Mucha suerte
estai bien creido pedro pineda
La primera manifestación de la inteligencia está, precisamente, en no creerse/saberse/mostrarse tan terriblemente inteligente...
Pa que lo pienses un ratito...
Besos,
C.
siempre me ha gustado leerte p e d r o encuentro que relatas bien y me imagino todo...
capaz q vaya a chiloe ... todo depende del trabajo...
si encuentro me voy al toque...
chau
Lei el blog de Diego (cacha, vengo pa'ca a hablarte sobre otro blog)
Y me pareción interesante, mas bien gracioso eso de los títulos mamones o los toques de intelectualidad...
La cuestión es que creo que hay muchas diferencias entre este "Blog Dos" y el anterior...
Igual piola...creo que tengo mucho tiempo libre por estar leyendo tanto este tipo de cosas...ahora me voy a la playa así que cambiaré a Pedro Pineda, Diego Collado, Robert Cercos y Demían Arancibia por Mijail Bakunin, Noam Chomsky, Pablo de Rokha, Jean Paul Sartre Ernesto Sabato, Alejandra Pizarnik o incluso Benedetti, ...no sé hay harto de donde elegir...
Saludos Pedro!
muero por ir al sur.
ahora si.
y si mando el trabajo a la mierda de una vez y me largo?
total... qué tanto gasto?
casa?...pecho
locomoción?....allá se anda a pata
comida?....a puro pan.
ah, no sé hacer planes buenos...
todas las vacaciones digo lo mismo.
cariños!
nicole
oie ultimas noticias vienen al festival Franz Ferdinand .. confirmados para el ultimo dia.... te aviso asi q capaz q me pegue el pique total es aqui mismito
yap chauuu...
ahh y ni me hay isitado por mi blog
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