mojarme la cara
Busco entre los vasos el más grande.
Le pongo ocho hielos.
Puta que es grande.
Abro la Coca Cola.
Ppssshhhhh... SSSSSsssss!!!!
El gas arranca.
DOUM tum dop dopdopdop.
Sshh ssssss.
Agarro el vaso.
Crujen y chocan los hielos.
Hago sonar mi manzana de adán a propósito cual comercial de jugos Caricia.
Me sacio.
Voy al living.
Me siento en la mesa.
Pierdo la mirada apuntando quién sabe a cuál edificio que se ve a través del mismo ventanal desde donde veo la iglesia y la mezquita (por eso el nombre de mi blog).
Hay mucho sol.
Me acuerdo que en Europa está frío.
Me imagino que en Puerto Montt se...
Ring ring!!! Suena el teléfono. Es una amiga de mi vieja. De Puerto Montt. Fucking telepatía. Se supone que las ondas telepáticas las estaba enviando YO. Escucho la voz de mi vieja contenta hablando en la cocina.
Vuelvo a lo mío.
¿Qué chucha me pasa?
Tengo plata. Soy un maldito privilegiado que estudia hue'ás bacanes en la Chile. Disfruto con la música. A veces me obsesiono con un par de libros. Hay mucha gente que quiero que me quiere, que está atenta a mí, que me cree genio, que me encuentra tierno, pendejo, copuchento, interesante. Mucha gente que me cree.
Pero como dice una ex "la gente siempre cree que uno es mucho más de lo que uno mismo cree que es".
En la práctica no tengo problemas.
Y ése es precisamente mi gran problema.
"Oooh! pendejo llorón mamón" podrán pensar algunos(as). De hecho mi hermano mayor siempre se burla de esta angustia. "Y yo que trabajo todo el día, que mi pega es resolver problemas" me argumenta siempre.
Hace tiempo que lo pienso. Eso de que si fuera un maestro de la construcción o una temporera, por ejemplo, no tendría ninguno de estos putos cuestionamientos ¡Ni cagando me estaría angustiando porque el universo sea infinito! Créanme que eso me ha pasado.
La muerte.
Ya escribí sobre ella antes.
Pero quiero agregar una cosa.
¿Han pensado en la vida como una interrupción entre dos muertes?
Entre dos muertes eternas. Una hacia el menos infinito y otra hacia el más infinito en esta recta numérica que es el tiempo. Puto invento el tiempo.
Ya pero, tampoco nos pongamos existenciales ni ninguna de esas hueás que odio que pasen en un carrete, donde el fin último es follar. Engrupir y follar. Engrupirse a la mina con no sé qué teoría y después empezar a desabrocharle el sostén.
Es martes.
El sábado en la noche quiero estar acá con mi hermano Camilo y mi vieja.
Leo, mi otro hermano, se queda en Puerto Montt con su novia y mi ex papá.
- ¿Pedro, te molesta que Leo se quede en Puerto Montt esta navidad y la pase con el papá? - me preguntó mi vieja.
- Me da lo mismo.
Respondo sin saber si me da realmente lo mismo. Nunca me gustó la navidad tampoco. Soy tan malo abriendo regalos que mi cara, que cuando pendejo era importante, no disimula cuando algo no me gusta. Ahora da lo mismo. Siempre me guardan la boleta para que los cambie.
- ¿Pedrito?, ¿hacemos el árbol de navidad o no?
- No, pa' qué!. Filo.
Les encargo lo extraño que es no tener uno en casa ¿quién dijo que el ser humano era un animal de costumbres? Filo. Seguro y mucha gente no tiene plata ni para pensar en uno.
Miércoles, jueves, viernes, sábado.
Cuatro días.
Cuatro días dedicados a la incertidumbre. Al vacío. A la nada. Odio que pase eso con mis días. Hay mucho sol allá afuera como para refugiarme en lo oscuro que se pone mi pieza con esas cortinas azules gruesas.
- Hace tiempo que estoy con monólogos - me dijo hace tres segundos mi vieja buscando sus llaves en la cartera, mientras yo escribo acá en mi blog.
No le respondí, pero la miré.
- Ya! me voy! feo! - me dijo sacándome la lengua.
Moví la cabeza. Pero de nuevo no hablé.
Anoche dormí catorce horas, así que supongo que tengo mucha pila almacenada. Incluso, con esta frustración de cuatro días inciertos, se me acaba de pasar por la cabeza aceptar invitaciones de quienes leen mi blog. De repente y me gustaría conocer a algunos de ustedes. No sé pa qué. Pero nada. Dije bien. Acaba de pasar por la cabeza y ya se fue.
Supongo que una buena ducha hará lo que mis ojos no (hace ratito que se hacen los hue'ones y no lo hacen).
Mojarme la cara.
Le pongo ocho hielos.
Puta que es grande.
Abro la Coca Cola.
Ppssshhhhh... SSSSSsssss!!!!
El gas arranca.
DOUM tum dop dopdopdop.
Sshh ssssss.
Agarro el vaso.
Crujen y chocan los hielos.
Hago sonar mi manzana de adán a propósito cual comercial de jugos Caricia.
Me sacio.
Voy al living.
Me siento en la mesa.
Pierdo la mirada apuntando quién sabe a cuál edificio que se ve a través del mismo ventanal desde donde veo la iglesia y la mezquita (por eso el nombre de mi blog).
Hay mucho sol.
Me acuerdo que en Europa está frío.
Me imagino que en Puerto Montt se...
Ring ring!!! Suena el teléfono. Es una amiga de mi vieja. De Puerto Montt. Fucking telepatía. Se supone que las ondas telepáticas las estaba enviando YO. Escucho la voz de mi vieja contenta hablando en la cocina.
Vuelvo a lo mío.
¿Qué chucha me pasa?
Tengo plata. Soy un maldito privilegiado que estudia hue'ás bacanes en la Chile. Disfruto con la música. A veces me obsesiono con un par de libros. Hay mucha gente que quiero que me quiere, que está atenta a mí, que me cree genio, que me encuentra tierno, pendejo, copuchento, interesante. Mucha gente que me cree.
Pero como dice una ex "la gente siempre cree que uno es mucho más de lo que uno mismo cree que es".
En la práctica no tengo problemas.
Y ése es precisamente mi gran problema.
"Oooh! pendejo llorón mamón" podrán pensar algunos(as). De hecho mi hermano mayor siempre se burla de esta angustia. "Y yo que trabajo todo el día, que mi pega es resolver problemas" me argumenta siempre.
Hace tiempo que lo pienso. Eso de que si fuera un maestro de la construcción o una temporera, por ejemplo, no tendría ninguno de estos putos cuestionamientos ¡Ni cagando me estaría angustiando porque el universo sea infinito! Créanme que eso me ha pasado.
La muerte.
Ya escribí sobre ella antes.
Pero quiero agregar una cosa.
¿Han pensado en la vida como una interrupción entre dos muertes?
Entre dos muertes eternas. Una hacia el menos infinito y otra hacia el más infinito en esta recta numérica que es el tiempo. Puto invento el tiempo.
Ya pero, tampoco nos pongamos existenciales ni ninguna de esas hueás que odio que pasen en un carrete, donde el fin último es follar. Engrupir y follar. Engrupirse a la mina con no sé qué teoría y después empezar a desabrocharle el sostén.
Es martes.
El sábado en la noche quiero estar acá con mi hermano Camilo y mi vieja.
Leo, mi otro hermano, se queda en Puerto Montt con su novia y mi ex papá.
- ¿Pedro, te molesta que Leo se quede en Puerto Montt esta navidad y la pase con el papá? - me preguntó mi vieja.
- Me da lo mismo.
Respondo sin saber si me da realmente lo mismo. Nunca me gustó la navidad tampoco. Soy tan malo abriendo regalos que mi cara, que cuando pendejo era importante, no disimula cuando algo no me gusta. Ahora da lo mismo. Siempre me guardan la boleta para que los cambie.
- ¿Pedrito?, ¿hacemos el árbol de navidad o no?
- No, pa' qué!. Filo.
Les encargo lo extraño que es no tener uno en casa ¿quién dijo que el ser humano era un animal de costumbres? Filo. Seguro y mucha gente no tiene plata ni para pensar en uno.
Miércoles, jueves, viernes, sábado.
Cuatro días.
Cuatro días dedicados a la incertidumbre. Al vacío. A la nada. Odio que pase eso con mis días. Hay mucho sol allá afuera como para refugiarme en lo oscuro que se pone mi pieza con esas cortinas azules gruesas.
- Hace tiempo que estoy con monólogos - me dijo hace tres segundos mi vieja buscando sus llaves en la cartera, mientras yo escribo acá en mi blog.
No le respondí, pero la miré.
- Ya! me voy! feo! - me dijo sacándome la lengua.
Moví la cabeza. Pero de nuevo no hablé.
Anoche dormí catorce horas, así que supongo que tengo mucha pila almacenada. Incluso, con esta frustración de cuatro días inciertos, se me acaba de pasar por la cabeza aceptar invitaciones de quienes leen mi blog. De repente y me gustaría conocer a algunos de ustedes. No sé pa qué. Pero nada. Dije bien. Acaba de pasar por la cabeza y ya se fue.
Supongo que una buena ducha hará lo que mis ojos no (hace ratito que se hacen los hue'ones y no lo hacen).
Mojarme la cara.
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