la mentira
Hoy sentí que me mentían.
Era tanto el enredo en la conversación, en los argumentos nuevos que iban saliendo de su boca, que eso fue lo que pensé.
Y respondí con un simple "bueno".
Ese "bueno" con el que cortas la conversación.
Ese "bueno" con el que no quieres comprobar mentiras ni alargar la agonía de una conversa decepcionante.
Tuvo que pasar una hora para que volviera a creer.
Y para eso argumentar porqué odio la mentira.
Es muy simple.
La mentira me ha hecho pico.
Es por culpa de ella que hoy, por la reputa, no soy feliz.
Hace un tiempo conversé con un amigo destrozado por una ruptura con su chica. Ella le había mentido y él no lograba soportar las nauseas que eso le provocaba.
Le costaba dormir. Dominar sus pensamientos, impulsos y sensaciones. Quizá hasta las ganas de rasguñarse.
Él, iluso, creyó poder encontrar calma en mí. En mi experiencia de esa vez con una chica que me mintió. Que me mintió, que me hizo pico. Que, a fin de cuentas, acabó con el Pedrito lindo que amaba por primera vez de esa forma.
- Pedro ¿qué hiciste cuando supiste que Valeria se había metido con otro?
- ¡Qué iba a hacer hue'ón! Ir a su casa y con la cagá de dignidad que me quedaba, decirle que me había enterado de todo y que no quería seguir con ella. O sea, yo me moría por decirle, te perdono, sigamos, pero obvio que no podía po' hue'ón. No podía. Fui más hidalgo que la mierda. Un maldito roble. Hasta el día de hoy me encuentro un pendejo bacán de 17.
- ¿Lo soportaste?
- Sí, los veinte minutos que estuve en su pieza. Después me quedé mucho rato sentado en la vereda a tres cuadras de su casa. Mal. Súper mal. Lloré dos semanas en la bibloteca de mi casa. Durante el día, en el colegio, nadie se enteraba. Me acuerdo que vos apenas pescaste, te dio pena, pero seguro que pensabai "otra vez peleando con Valeria". Llegaba a mi casa y mi vieja estaba desesperada, no sabía qué hacer conmigo.
- Puta la hue'á, me siento muy así hue'ón, aunque la situación es distinta. Y me dan ganas de saber detalles, qué hizo, por qué lo hizo, cómo lo hizo.
- Hueón - le dije - los detalles dan lo mismo, sirven sólo pa' masoquearse un buen rato. Olvídate del morbo y quédate con lo importante. Que te mintió. Eso ya es suficiente dolor. Lo otro, ella no se merece que tú lo sepas. Que tú lo sufras.
- Eh. Me gustó eso. Tienes razón.
- Imagínate culia'o. Yo que sufrí dos semanas enteras, en que sentía que el corazón se me desgarraba, en que gritaba las lágrimas por una mina que de verdad no se las merecía, cuando mi viejo se fue de la casa y supe que se había cagado a mi vieja, recuerdo que me acerqué a ella y le dije que me era imposible tratar de sospechar su dolor. Que me era inconmesurable. Que si yo lloré por una relación de varios meses, no me imaginaba el tamaño de las lágrimas que uno suelta tras treinta años. Que valoraba el simple hecho de que estuviera de pie con ese peso.
Y entonces.
Ésa es la segunda persona que me ha hecho pico con sus mentiras.
Mi papá.
Mi ex papá como digo delante de mis amigos, que no saben si reírse o qué, cuando lo digo.
No tiene sentido hablar de él.
Obvio que mi ex novia tiene razón.
Que tengo que ir donde algún psicólogo o psiquiatra para vaciarme.
Y si no lo hago, es por el desconsuelo de no saber exactamente qué hacer cuando se te cae un ídolo. Cuando se te cae al suelo el ejemplo de tu vida. Ese viejo que nunca pescaste, que reclamabas cuando te pedía una coca cola light con harto hielo, pero que admirabas tanto por su doctorado en no sé qué universidad europea, como por su sencillez, humildad (casi al límite de la tontera) y pasión por hacer frente a la injusticia.
¿Qué pasa?
Que el culia'o se pasa por la raja los años en el exilio en que mi vieja trabajaba como nana mientras él se doctoraba.
Que el culia'o... filo, muchas cosas.
Pero principalmente, que va, se olvida de todo, de su esposa, de su familia, de su puta responsabilidad, respeto y dignidad y va, conoce a otra mujer y le mete el pico.
- Me das asco, no sólo no te admiro, sino que no te respeto y me das vergüenza papá.
Esa fue nuestra última conversación.
Hace un año ya.
Era tanto el enredo en la conversación, en los argumentos nuevos que iban saliendo de su boca, que eso fue lo que pensé.
Y respondí con un simple "bueno".
Ese "bueno" con el que cortas la conversación.
Ese "bueno" con el que no quieres comprobar mentiras ni alargar la agonía de una conversa decepcionante.
Tuvo que pasar una hora para que volviera a creer.
Y para eso argumentar porqué odio la mentira.
Es muy simple.
La mentira me ha hecho pico.
Es por culpa de ella que hoy, por la reputa, no soy feliz.
Hace un tiempo conversé con un amigo destrozado por una ruptura con su chica. Ella le había mentido y él no lograba soportar las nauseas que eso le provocaba.
Le costaba dormir. Dominar sus pensamientos, impulsos y sensaciones. Quizá hasta las ganas de rasguñarse.
Él, iluso, creyó poder encontrar calma en mí. En mi experiencia de esa vez con una chica que me mintió. Que me mintió, que me hizo pico. Que, a fin de cuentas, acabó con el Pedrito lindo que amaba por primera vez de esa forma.
- Pedro ¿qué hiciste cuando supiste que Valeria se había metido con otro?
- ¡Qué iba a hacer hue'ón! Ir a su casa y con la cagá de dignidad que me quedaba, decirle que me había enterado de todo y que no quería seguir con ella. O sea, yo me moría por decirle, te perdono, sigamos, pero obvio que no podía po' hue'ón. No podía. Fui más hidalgo que la mierda. Un maldito roble. Hasta el día de hoy me encuentro un pendejo bacán de 17.
- ¿Lo soportaste?
- Sí, los veinte minutos que estuve en su pieza. Después me quedé mucho rato sentado en la vereda a tres cuadras de su casa. Mal. Súper mal. Lloré dos semanas en la bibloteca de mi casa. Durante el día, en el colegio, nadie se enteraba. Me acuerdo que vos apenas pescaste, te dio pena, pero seguro que pensabai "otra vez peleando con Valeria". Llegaba a mi casa y mi vieja estaba desesperada, no sabía qué hacer conmigo.
- Puta la hue'á, me siento muy así hue'ón, aunque la situación es distinta. Y me dan ganas de saber detalles, qué hizo, por qué lo hizo, cómo lo hizo.
- Hueón - le dije - los detalles dan lo mismo, sirven sólo pa' masoquearse un buen rato. Olvídate del morbo y quédate con lo importante. Que te mintió. Eso ya es suficiente dolor. Lo otro, ella no se merece que tú lo sepas. Que tú lo sufras.
- Eh. Me gustó eso. Tienes razón.
- Imagínate culia'o. Yo que sufrí dos semanas enteras, en que sentía que el corazón se me desgarraba, en que gritaba las lágrimas por una mina que de verdad no se las merecía, cuando mi viejo se fue de la casa y supe que se había cagado a mi vieja, recuerdo que me acerqué a ella y le dije que me era imposible tratar de sospechar su dolor. Que me era inconmesurable. Que si yo lloré por una relación de varios meses, no me imaginaba el tamaño de las lágrimas que uno suelta tras treinta años. Que valoraba el simple hecho de que estuviera de pie con ese peso.
Y entonces.
Ésa es la segunda persona que me ha hecho pico con sus mentiras.
Mi papá.
Mi ex papá como digo delante de mis amigos, que no saben si reírse o qué, cuando lo digo.
No tiene sentido hablar de él.
Obvio que mi ex novia tiene razón.
Que tengo que ir donde algún psicólogo o psiquiatra para vaciarme.
Y si no lo hago, es por el desconsuelo de no saber exactamente qué hacer cuando se te cae un ídolo. Cuando se te cae al suelo el ejemplo de tu vida. Ese viejo que nunca pescaste, que reclamabas cuando te pedía una coca cola light con harto hielo, pero que admirabas tanto por su doctorado en no sé qué universidad europea, como por su sencillez, humildad (casi al límite de la tontera) y pasión por hacer frente a la injusticia.
¿Qué pasa?
Que el culia'o se pasa por la raja los años en el exilio en que mi vieja trabajaba como nana mientras él se doctoraba.
Que el culia'o... filo, muchas cosas.
Pero principalmente, que va, se olvida de todo, de su esposa, de su familia, de su puta responsabilidad, respeto y dignidad y va, conoce a otra mujer y le mete el pico.
- Me das asco, no sólo no te admiro, sino que no te respeto y me das vergüenza papá.
Esa fue nuestra última conversación.
Hace un año ya.
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