no puedo hablar (ni escribir) de lo que quiero hablar
Tuve dos pruebas hoy.
Hizo mucho calor.
El manubrio me quemaba las manos en cada curva en que lo toqueteaba de más.
Llegué a mi casa.
Y apenas cerré la puerta salí al balcón.
- ¡Pupu! ¿pupu?
Busqué entre los veintitrés maceteros del balcón.
- ¿A'onde está mi pupu?, ¡ahí tá!
Y como si fuera un teletubbie.
- Hoa pupu hoa.
Lo agarré con cuidado.
Pero no del pellejo detrás de las orejas porque eso me da pena todavía.
De la guata.
Pataleó.
¡Cómo me cambia la cara este maldito rabbit!
- No puedo hablar de lo que quiero hablar - me dijo sin palabras mi conejo. Sólo moviendo la nariz.
Me reí con muchas de sus propuestas, hay algunas fenomenales. Pero tras consultarlo con él mismo, quedamos en que se llama Pupu.
¡Qué ñoño!
I know.
Pero ustedes saben mi debilidad por los nombres en finés.
tahtitieteilija.blogspot.com
Lo puse entre mis piernas mientras le hacía cariño.
Conejo de mierda me meó.
- Yo tampoco puedo hablar ni escribir de lo que quiero hablar Pupu. Yo tampoco.
Fue un día muy raro.
Tuve un par de conversaciones muy lindas.
Y tristes las dos.
Siento no poder contarles, pero es tanta la confianza que me entregaron que no puedo.
Ni quiero.
Y sólo tenía ganas de llegar a casa.
Tirarme al suelo.
Y abrazar a mi conejo.
Hizo mucho calor.
El manubrio me quemaba las manos en cada curva en que lo toqueteaba de más.
Llegué a mi casa.
Y apenas cerré la puerta salí al balcón.
- ¡Pupu! ¿pupu?
Busqué entre los veintitrés maceteros del balcón.
- ¿A'onde está mi pupu?, ¡ahí tá!
Y como si fuera un teletubbie.
- Hoa pupu hoa.
Lo agarré con cuidado.
Pero no del pellejo detrás de las orejas porque eso me da pena todavía.
De la guata.
Pataleó.
¡Cómo me cambia la cara este maldito rabbit!
- No puedo hablar de lo que quiero hablar - me dijo sin palabras mi conejo. Sólo moviendo la nariz.
Me reí con muchas de sus propuestas, hay algunas fenomenales. Pero tras consultarlo con él mismo, quedamos en que se llama Pupu.
¡Qué ñoño!
I know.
Pero ustedes saben mi debilidad por los nombres en finés.
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Lo puse entre mis piernas mientras le hacía cariño.
Conejo de mierda me meó.
- Yo tampoco puedo hablar ni escribir de lo que quiero hablar Pupu. Yo tampoco.
Fue un día muy raro.
Tuve un par de conversaciones muy lindas.
Y tristes las dos.
Siento no poder contarles, pero es tanta la confianza que me entregaron que no puedo.
Ni quiero.
Y sólo tenía ganas de llegar a casa.
Tirarme al suelo.
Y abrazar a mi conejo.
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