17 septiembre 2005

previa

Hacía muchos años que no me hastiaba con seiscientos pesos de helado.

Desde esa vez que teniendo catorce me desafié a comerme una casata barata de lúcuma solo, y apenas pude.

Chirimoya y lúcuma eran los sabores del helado que me comí este mediodía en la plaza soleada de Vicuña esperando a que pasara un poco el tiempo para tomar mi bus de vuelta a Santiago.

Me pongo a escribir al tiro para contarles.