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Hacía muchos años que no me hastiaba con seiscientos pesos de helado.
Desde esa vez que teniendo catorce me desafié a comerme una casata barata de lúcuma solo, y apenas pude.
Chirimoya y lúcuma eran los sabores del helado que me comí este mediodía en la plaza soleada de Vicuña esperando a que pasara un poco el tiempo para tomar mi bus de vuelta a Santiago.
Me pongo a escribir al tiro para contarles.
Desde esa vez que teniendo catorce me desafié a comerme una casata barata de lúcuma solo, y apenas pude.
Chirimoya y lúcuma eran los sabores del helado que me comí este mediodía en la plaza soleada de Vicuña esperando a que pasara un poco el tiempo para tomar mi bus de vuelta a Santiago.
Me pongo a escribir al tiro para contarles.
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